En un día como hoy nació la ídola por antonomasia de nuestra institución, la mamá de los chicos de la pensión, la hermana de los campeones del 66, la guardiana espiritual de la Academia: Elena Margarita Mattiussi. “Tita”, nacida y criada en el club, era la hija del matrimonio que se ocupaba del cuidado de la cancha y de la ropa de los jugadores. Sin embargo, fue siempre mucho más que esoLe dedicó su vida al club: ella misma decía que estaba casada con Racing, así que las vivió y las sufrió todas, las buenas y las malas. Lamentablemente, la vida se la llevó en la época de la quiebra, pero el recuerdo de Tita vive en el corazón de la Academia; en el predio hecho por los hinchas que lleva su nombre en su honor y en la mera esencia del glorioso Racing Club de Avellaneda

 

Tita con sus hermanos Perfumo y Maschio.

Un 19 de noviembre de 1919, nació en Avellaneda la hija de Aida y César, Elena Margarita. Hija de una pareja de inmigrantes italianos, Elena Margarita nació en los tiempos de oro del amateurismo racinguista, cuando Racing ya era la Academia y era el equipo criollo más ganador de todos, tras el cese del Alumni de los hermanos Brown.

Cuatro años antes de que Tita naciera, sus papás se mudaron de Elortondo, Santa Fe, a Avellaneda donde el Racing Club les otorgó trabajo a ambos y un lugar en el cual vivir. Ese lugar era debajo de una tribuna de la vieja cancha de madera, ahí nació Tita.

Su papá César era el canchero del estadio mientras que Aida se ocupaba de la lavandería del club. La familia entera se dedicaba a Racing, que no representaba solamente un lugar de trabajo, sino también un hogar. Allí creció ella, en el club, en los estadios de madera y de cemento, en la cancha auxiliar de entrenamiento.

Conoció a todos los planteles, los que rompieron el maleficio de 24 años sin títulos –los tricampeones- y a los del fútbol exquisito del ’58 y ’61. Forjó amistades con los jugadores, con los chicos que venían a vivir a la pensión del club y con los grandes también.

Con César aun trabajando en la cancha, Tita quedó a cargo del trabajo de Aida y se quedó a vivir eternamente en el Cilindro. Solía decir que Racing era su marido, y así lo era porque nunca se casó. O lo hizo con Racing tal vez. Cebaba mates con José Pizzuti y con todo el plantel campeón de esa época. El legendario guardametas Agustín Mario Cejas dijo que el lugar de reunión diario en el que se forjaba el espíritu de ese equipo era la casa de Tita.

Allí fue donde el Coco Basile y Roberto Perfumo forjaron su amistad con ella y se empezaron a hacer de fuerzas para ser las glorias que fueron. El Panadero Díaz la bautizó la hincha número 1 de Racing. Fue tanto el aprecio y el afecto que se tenían con ese plantel que cuando el equipo de José tuvo que ir a jugar a Glasgow ante el poderoso Celtic escocés, el plantel entero le pagó el viaje. “Quisimos pagarle algo de todo lo que nos dio. Todavía me viene a la memoria la cara de sorpresa que puso cuando le dijimos que íbamos a costear su viaje.

A partir de ese momento, les cocinaba a los muchachos más comida aún de la que les preparaba siempre. Lo hacía como en agradecimiento desde su humildad. Tita era todo bondad”, dijo José. Tita hizo su primer viaje en avión con su familia: el plantel de Racing. Conoció Londres, a Sean Connery que en aquel momento era James Bond, y finalmente fue a Glasgow.

Racing perdió pero ese recuerdo no se lo quitó nadie. También acompañó al plantel en la épica proeza, la máxima del fútbol argentino hasta entonces, la Batalla de Montevideo en la que el Chango Cárdenas con un gol inolvidable nos dio nuestra única Copa Intercontinental. Confesó que lloró de emoción y que no pudo hablarles a sus chicos –como ella les decía-, del orgullo que sentía.

“Toda mi vida la pasé en Racing, pasé muchas alegrías, muchas tristezas pero yo recuerdo lo bueno. Toda mi vida es Racing” dijo una vez en un reportaje. Y sin dudas lo era. Las difíciles dos décadas posteriores de Racing le dejaron muchos amigos a Tita.

Juan Barbas, otro querido jugador surgido en la cantera del club, contó en una entrevista que la presencia de Tita fue fundamental para que él pudiera adaptarse a Racing. “Me apoyé en el afecto de Tita Mattiussi, la hija del canchero de Racing, una madre para todos los jugadores que pasamos por el club. Ella, como a tantos, me levantó cada vez que me derrumbé anímicamente” contó Barbas.

El descenso la entristeció pero el regreso a primera con un hermano como el Coco le devolvió la alegría. Mucho más aún cuando gracias a Basile y a su genial plantel, la Academia se hizo con la Supercopa.

Pero los años sucesivos y las pésimas gestiones dirigenciales fueron perjudicando a Racing, y por carácter transitivo a Tita. A pesar de todo, jugadores con tres o cuatro generaciones de diferencia la conocieron y la recordaron siempre con afecto. Basta traer al presente aquel festejo desaforado de Javier Lux en el que la remera que portaba debajo de la de Racing llevaba inscripta la leyenda “GRACIAS TITA”.

La quiebra le hizo daño, esos dos años fueron muy duros y a poco de cumplir los 80, Tita se fue. Dejó este mundo un 3 de agosto de 1999, el mismo año que Racing llenó la cancha sin jugar, el mismo año en el que el ocaso se avecinaba para la Academia con el fantasma de la quiebra.

Quizás fue demasiada angustia, pero ella misma lo decía: “Para mí, todos los momentos vividos con Racing fueron buenos. Además, yo me olvido de los momentos malos”.

Cierto o no, Racing quedó huérfano y ese vacío fue imposible de llenar. Sin embargo, el hincha de Racing tiene una sensibilidad especial, y aquellos espacios vacíos de presente, el académico sabe llenarlos de memoria con honor, con memoria, con amor y respeto.

Cuando los hinchas recuperaron un terreno baldío para hacerlo parte del club, aquel lugar no podía llevar otro nombre que el de ella, el de la mamá de Racing.

Hoy contamos con uno de los mejores predios de inferiores del país, y es un sinónimo de semillero de cracks como Lautaro Martínez, Rodrigo De Paul y Matías Zaracho. El nombre de esa cuna de futuros y presentes futbolistas de élite es uno que se porta orgulloso: “Predio C”.

Ella le había dicho al diario La Nación cuando fue el momento crítico de la quiebra: “Lo principal es ayudar a las inferiores, hacer un programa a largo plazo. Tiene que venir gente que quiera a Racing, que le haga bien”.

Y es ese el camino a seguir, el de alguien que quiso a Racing más que a su propia vida. Eso es Racing: Tita es Racing.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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