Un día como hoy pero hace 40 años nació en Bernal el jugador que cambió la historia reciente de Racing, el número 22: Diego Alberto Milito. Un delantero hecho a base de pura perseverancia y talento, pasó de ser “el hermano de Gabriel” a convertirse en uno de los atacantes argentinos más importantes de los últimos tiempos y en el Embajador de Racing en el mundo. Ídolo en todos los clubes donde jugó, Milito es un ejemplo como profesional. Es el Príncipe que después de conquistar Europa cumplió su sueño de coronarse en su propia tierra y así, devolverle la gloria a su Academia querida.

El capitán Diego Alberto Milito celebrando la gloria obtenida en 2014.

El martes 12 de junio de 1979 en la localidad bonaerense de Bernal, Mirta y Jorge le dieron la bienvenida a su primer hijo, Diego Alberto. Mayor de tres hermanos -Gabriel y Natalia completan la nómina-, dio sus primeros pasos en el futbol en el club quilmeño “Viejo Bueno”.

Diego y Gabriel Milito en el club barrial “Viejo Bueno” de Quilmes.

Compinche de Gaby –sólo 14 meses menor que Diego-, jugaban siempre juntos a la pelota, acompañados por su papá Jorge y su abuelo Antonio.

Como la mayoría de la familia era hincha del rojo, primero llevaron a los hermanos a Independiente, pero a Diego no le gustó el club y los cruzaron de vereda.

En ese primer momento en la Academia, los hermanos duraron poco, pero Diego volvió en edad de séptima y se terminó formando en un club atravesado por la malaria de administraciones fraudulentas.

Campeón en la cuarta división de Racing –luego de 9 años sin títulos para el club en inferiores-, Diego sufrió el abandono de la institución que se diluía entre la quiebra y las sucesivas administraciones fraudulentas.

Cerca de dejar el club, nunca se rindió y finalmente le llegó la chance en Primera: recomendado por el “Chango” Cárdenas y Humberto “Bocha” Maschio al DT Gustavo Costas le tocó debutar como visitante en un 3 a 3 ante Unión por la anteúltima fecha del Apertura ’99, en el que según reportes del partido, Milito erró varios mano a mano.

Diego Milito no puede creer su primer gol en primera ante Colón en el Cilindro.

Desencontrado con el gol en sus inicios, Diego fue de a poco: su primera marca llegó el 7 de abril de 2000 por la fecha 8 del Clausura en el Cilindro, en la derrota ante Colón por 3 a 1.

Debido a la eterna crisis institucional de Racing, Diego sólo sabía pelear descensos: se salvó de jugar la promoción en la temporada 99/00 y lo mismo le pasó cuando asumió “Mostaza” Merlo en la temporada siguiente. Sin embargo, en ese último caso, el gol de la salvación lo marcó él, ante Colón.

Para el Apertura 2001, Diego era el 9 titular pero eran sólo tres los goles de Milito en 49 partidos jugados en primera, por lo que compitió –y luego perdió- el puesto con el recién llegado Rafael Maceratesi.

En ese inolvidable certamen, Diego aportó tres goles y algunos rendimientos más que destacables: jugó todos los partidos del Racing que terminó con la penumbra de 35 años sin ser campeón y entró en la historia grande del club, aquel 27 de diciembre de 2001, en cancha de Vélez con el país en llamas.

El Diego Milito de 2001, aún joven. Faltarían 13 años para repetir la gloria.

El esfuerzo rendía sus frutos: Milito fue campeón por primera vez con Racing, y quienes absurdamente comparaban su rendimiento con el de su hermano Gabriel tuvieron que callar, porque el primer Milito en ser campeón fue Diego Alberto.

Luego del campeonato, Merlo apostó a confiar en Milito y el por entonces N° 11 respondió: recuperó su puesto y fue el goleador del equipo con seis tantos en un certamen en el que el bicampeonato se escapó ante River en el Monumental.

Los campeonatos siguieron pasando y Diego se afianzó mucho más en primera: no perdió más el puesto y disputó la Copa Libertadores del 2003, en la que quedó afuera en octavos ante América de Cali.

Lisandro abraza a Diego Milito en un gol a Nueva Chicago como visitante.

Llegó a la Selección de Bielsa ese año, en el estreno del Estadio Único de La Plata ante Uruguay, partido en el que él marcó los dos goles del empate en dos. Mientras tanto, en el mismo campeonato en el que empezó a lucir la cinta de capitán, se despidió del club de sus amores.

 

Europa, la gran apuesta

Se despidió de Racing en el verano de 2004 ante San Lorenzo, y fue transferido al italiano Genoa, que disputaba la serie B.

Allí comenzó a despuntar el vicio del gol: fueron 33 goles en 59 partidos los que, primero salvaron al elenco genovés del descenso y los que luego le dieron el ascenso que la Federación anularía debido a arreglos fraudulentos de partidos por parte del presidente del club.

Por ese conflicto el equipo fue ordenado a descender y Milito partió hacia Zaragoza, donde por primera vez compartiría equipo con su hermano Gabriel.

Allí permaneció durante dos años donde su máximo hito fue marcarle cuatro goles al Real Madrid. En Zaragoza fueron 53 goles en 108 partidos, números que lo llevaron de nuevo a la selección. A contrapelo de su rendimiento, fue en ese mismo equipo que sufrió el único descenso de su carrera, lo cual cerró su ciclo en el fútbol español para regresar al calcio.

Retornó al Genoa y marcó 24 goles en 31 partidos, rendimiento que llevó a que en 2009, el Internazionale de Milán pagara 16 millones de euros por su pase. Milito fue campeón y figura en su primer torneo en el Neroazzurro, con un aporte de 22 goles, entre ellos, el gol del Scudetto ante Siena. El año siguiente fue el mejor de su carrera: fue cuando se consagró Príncipe de Europa.

Con seis tantos en el certamen y siendo la figura en la final ante Bayern Munich, Milito ganó la UEFA Champions League, de la mano de José Mourinho como entrenador y con bestias de compañeros como Wesley Sneijder, Samuel Eto’o, Dejan Stancovic, Esteban Cambiasso, Julio César, el Pupi Zanetti, entre otros.

Milito festeja la máxima conquista europea junto a su hijo Leandro

El Inter rompió una racha negativa de 45 años sin copas de Europa y por eso, Milito entró otra vez en la historia de otro equipo grande.

Diego alzó la copa de la competición más importante de fútbol de todo el mundo y tocó el cielo con las manos. Fue galardonado como mejor jugador de la final, mejor delantero y mejor jugador de Europa.

Semejante gloria y tremendo momento futbolístico obligó al por entonces DT de la Selección Nacional, Diego Armando Maradona a ponerlo en la lista de los 23 jugadores que disputaron el Mundial de Sudáfrica 2010. Desafortunadamente, Milito sólo jugó de titular ante Grecia y salió reemplazado por Martín Palermo.

Campeón de la Supercopa Italiana en agosto de ese año, a fines del mismo se consagró por primera vez en su carrera, y por primera vez en la historia del Inter, campeón del mundo. Fue en el Mundial de Clubes ante el débil Mazembe congolés, en Emiratos Árabes.

Diego recibe el máximo galardón de la mano de Michel Platiní.

La gloria no se detuvo al año siguiente, cuando sentenció el 3 a 1 final con el que el Inter se coronó campeón de la Copa Italia 2010/11 ante el Palermo. Los goles tampoco cesaron: durante todo 2012, Milito fue el máximo goleador de la Serie A con 28 tantos, sin embargo los títulos dejaron de venir.

El 14 de febrero de 2013 ante el Cluj rumano y por Europa League, Diego Milito sufrió la rotura del ligamento colateral, ligamento cruzado anterior y la cápsula de la rodilla izquierda y no volvió a jugar por seis meses, lo cual cerró su etapa en el Inter y abrió el interrogante para su regreso a la Academia.

El regreso y la gloria

El regreso de Milito se dio en un momento crítico para Racing.

Diego Milito volvió a Racing luego de que éste completara la peor campaña de su historia con 33 puntos sobre 36 partidos jugados. El 22 se acopló a un equipo que se estaba gestando para escaparle al descenso otra vez, pero que también se formaba para más con el arribo de Diego Cocca en reemplazo de Mostaza Merlo.

“No soy el salvador” enunció al recién llegar, pero la realidad dijo otra cosa.

Recuperó la cinta de capitán, que gentilmente Sebastián Saja le cedió, y se puso al hombro más de cien años de historia de un club sufrido que había perdido la gloria deportiva.

Fue el jugador más importante del equipo que diera la vuelta ante Godoy Cruz en un Cilindro de Avellaneda colmado por más de 60 mil personas. Marcó seis tantos, todos ellos sumamente importantes: ante Defensa y Justicia, Arsenal de Sarandí, Estudiantes de La Plata, Rosario Central y River –aunque digan que fue Funes Mori en contra.

Milito – Bou, la sociedad campeona de la Academia.

Pero lo más importante fue que absorbió la presión de un momento complicado del club y potenció a todos sus compañeros. Gustavo Bou explotó a su lado, y lo mismo le sucedió al resto de sus compañeros: Luciano Lollo, Luciano Aued, Ezequiel Videla, Gastón Díaz, Gabriel Hauche; todos ellos tuvieron rendimientos excelsos debido al cambio de mente que ocasionó Milito con su aporte a Racing.

Diego Milito cambió la historia para siempre en Racing. Con el título de 2014 se consagró como ídolo de la institución, potenció jugadores y al hincha le cambió la mentalidad. Le devolvió la grandeza a un gigante del fútbol argentino como es Racing, y le permitió soñar en grande. Logró que Racing disputara –y peleara- la Copa Libertadores de América en dos ocasiones consecutivas, cosa que no sucedía desde 1968, y se convirtió en sinónimo de Racing Club.

Diego Milito, el ídolo en HD de la Academia, celebra su segundo campeonato con sus colores favoritos en 2014.

“Volví para esto. Racing es mi vida” dijo en lágrimas al levantar el trofeo de la mano de su amigo Sebastián Saja, y se llevó el más grande regalo de la historia de Racing como Club al retirarse en su casa, habiendo sido padre la noche anterior a su retiro, ante Temperley el 21 de mayo de 2016.

La primera vez que se vio una bandera con un rostro en el Cilindro fue ese día, y fue el de Milito, el de este Hombre Racing. El del flaquito de Bernal que se bancó las mil y unas y se retiró en el club de sus amores, en el amor de su vida, rodeado de su familia, los hinchas de Racing.

Desde el año pasado, Milito trabaja al frente de la secretaría técnica del club y su gestión le cambió la cara al equipo: llegaron el entrenador Coudet y sus refuerzos que le dieron otro título a la Academia.

El legado de Milito en manos de Lisandro López.

La reciente conquista de la Superliga 2018/19, de la mano del Chacho y su excompañero Lisandro López, es el primer logro de su gestión, una que todo el mundo Racing esperaba, dada la ambición ganadora de Milito.

Por ello, los desafíos por venir son aún mayores: mantenerse en la cúspide del fútbol argentino a base de títulos y ojalá algún día ganar la Copa que en 1967 otros hijos de la casa como Pizzuti, Basile, Perfumo, Cárdenas y compañía ganaron y dejaron en lo más alto al Primer grande.

El tiempo dirá, pero Racing bajo el ala de Milito es el club glorioso que siempre fue.

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