En un día como hoy pero hace 86 años nació en Avellaneda uno de los mejores jugadores de todos los tiempos racinguistas: Humberto Dionisio Maschio. El “Bocha”, un ícono del club, no sólo representa un baluarte del gran fútbol de la Academia sino que simboliza el juego de aquel glorioso “Equipo de José”. Maschio volvió de Europa y le dio las máximas conquistas a la institución: se coronó Campeón local, de la Libertadores de América más larga de la historia, y alcanzó la cima del mundo con la Copa Intercontinental, el máximo trofeo ganado por Argentina hasta el momento.

Maschio en lo más alto, con la Copa Intercontinental de 1967.

El 10 de febrero de 1933 nació Humberto Dionisio Maschio. Apodado “El Bocha” debido a los constantes cortes de pelo que su madre le hacía para que le creciera más fuerte en el futuro, Humberto creció en Avellaneda y abrazó el fútbol por su padre, un exjugador de la Intermedia de River con pasado en el fútbol italiano también.

Se hizo hincha de la Academia de chico, cuando lo empezaron a llevar a la vieja cancha de madera en la que Racing se consagró heptacampeón.

Se formó como jugador en el extinto Arsenal de Llavallol, donde jugó la temporada 1952 de la Tercera de Ascenso y al año siguiente pasó a Quilmes, club en el que marcó 24 goles en 30 partidos en la Segunda División. A partir de allí dio a la Primera división para jugar en el club de sus amores, Racing Club de Avellaneda.

Debutó con 21 años con Guillermo Stábile como entrenador. Fue un 30 de mayo de 1954 por la fecha 8 ante Chacarita Juniors en el Cilindro, en un partido que finalizó con goleada por 4 a 0.

En esa temporada, a la Academia no le fue bien –terminó en mitad de tabla- pero algunas promesas como Maschio, daban cuenta de que podían pasar cosas mejores.

El “Bocha”, que todavía tenía pelo, era delantero y hacía muchos goles. En su segundo año, alcanzó un subcampeonato y fue goleador del torneo con 18 goles, a la vez que integró por primera vez el seleccionado nacional: fue para un Torneo Panamericano que la Argentina ganó.

Los Carasucias de Lima ’57: Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz

En 1957, fue pieza clave de la mejor delantera de la Selección de aquellos años. La conquista en esa oportunidad fue el Campeonato Sudamericano de 1957 en Lima.

Allí, el ídolo racinguista Guillermo Stábile convocó a cinco jugadores de la Academia: el arquero Rogelio Domínguez, los defensores Juan Carlos Giménez y Pedro Dellacha y los delanteros Omar Orestes Corbatta y el ya mencionado Bocha.

Stábile compuso una delantera letal que los medios bautizaron “Los Carasucias” y la integraban el propio Maschio –también goleador del certamen-, Antonio Angelillo, Osvaldo Cruz, Omar Sívori y Corbatta.

Tras esa hazaña, los tres primeros fueron vendidos al calcio italiano por la por entonces exorbitante suma de 20 millones de dólares. Corbatta se quedó en Racing y fue campeón al año siguiente, alegría que le fue esquiva al Bocha por varios años.

Así entonces, Maschio partió hacia el país de sus ancestros y defendió los colores de cuatro equipos: Bologna (del ‘57 al ‘59), Atalanta (del ’59 al ’62), Inter (la temporada 62/63) y Fiorentina (del ‘63 al ‘66). El paso más recordado por el propio Bocha fue el que tuvo en el Atalanta, donde durante el centenario de la institución fue declarado como el mejor volante de la historia de ese club.

En el medio de la travesía italiana, Maschio jugó su única Copa del Mundo pero no fue para la Argentina. El “Toto” Lorenzo, DT del seleccionado nacional, no lo quería y no lo convocó para el Mundial de Chile 1962. Para Italia se había lesionado Bomperti y lo llamaron al Bocha.

Junto a su amigo y excompañero de la selección argentina, Omar Sívori, disputó el mundial y protagonizó la histórica “Batalla de Santiago”, partido en el que la Azzurra cayó por 2 a 0 ante el local Chile, y nuestro querido Bocha jugó todo el partido con el tobillo esguinzado y el tabique roto porque en la época no había cambios.

Logró su primer título – el Scudetto 1964- en el Internazionale de Milan del argentino Helenio Herrera y su segundo, fue la Copa Italia 65/66 en la Fiorentina.

Antes de cumplir una década como jugador en Italia, Maschio recibió un llamado de su excompañero Juan José Pizzuti para que regrese a la Argentina para jugar en el equipo en el que “Tito” había asumido hacía muy poco. El Bocha no lo dudó y quiso volver; tras una discusión salarial con el presidente del club por su pase, regresó a la Argentina.

Tita con sus hermanos Perfumo y Maschio.

Maschio ya no era el pibe que la había roto en la Selección y había sido goleador un año en la Academia: ahora era un jugador distinto, más maduro y ordenado.

Tenía 33 años y su forma de jugar había evolucionado: “Cuando me fui de acá, era un delantero bastante goleador, buen definidor y mi puesto era el de número nueve pero cuando viene Saúl Ongaro a Racing, que era la época en que jugaba Angelillo y jugaba muy bien, me pasa a mí de 8 y lo pone a Angelillo de 9. Después cuando voy a Europa siento el cambio, entonces me hago hombre de toda la cancha”, se definió el Bocha.

Racing estaba en franca recuperación tras una campaña floja, y el responsable de esa remontada era Juan José Pizzuti, que estaba buscando un jugador que hiciera de intérprete suyo dentro de la cancha y el Bocha era ideal.

El 10 de abril de 1966, por la sexta fecha del Campeonato 1966 del fútbol argentino y nuevamente ante Chacarita Juniors, que el hijo pródigo de la institución marcó su regreso al club de sus amores.

El Bocha Maschio junto al Chango Cárdenas y al Panadero Díaz

El Bocha rápidamente se ajustó y fue el conductor de un equipo que era puro sacrificio, trabajo y fútbol. Fue esencial en el Equipo de José y hacia fines de ese 1966, se coronó por primera vez campeón argentino con la Academia, previo logro de llevar al equipo a los 39 partidos invictos – de los cuales él no participó de la totalidad.

 

Aquel equipazo compuesto por el legendario Agustín Mario Cejas, la solidez defensiva de jugadores como los laterales Oscar Martín y Rubén “El Panadero” Díaz, los zagueros Roberto Perfumo y Alfio “Coco” Basile y la valentía de los volantes “Coco” Rulli y Miguel Mori, representó el andamiaje para sostener el ataque que saldría del ingenio del Bocha.

El ingreso de Maschio como volante le dio el toque que antes no tenía y que pudo aprovechar al máximo con el aporte de grandes jugadores como Jaime Donald Martinoli, el Yaya Rodríguez y el Chango Cárdenas –posteriormente el “Torito” Raffo y Joao Cardoso, entre otros.

Maschio en la segunda final ante Celtic

Para 1967, Racing disputó la segunda Copa Libertadores de América de su historia y cumplió con creces las expectativas que pesaban sobre el genial Equipo de José. Fue la edición más larga de todas, con 20 partidos y Maschio fue pieza clave en la obtención de ese título.

Con la anécdota de la casi tragedia del avión en Medellín, Racing se hizo fuerte desde el primer momento y venció a los mejores del continente: fue campeón en un partido desempate ante Nacional de Montevideo, que tenía en sus filas a los ídolos racinguistas Rubén “El Marqués” Sosa y el arquero Rogelio Domínguez.

Racing, que pasó de ser vistoso en el ’66 a ser práctico y bravo en el ’67, continuó con esa actitud luego de ganar la Libertadores, porque había que ganar la Copa Intercontinental ante el poderoso Celtic escocés que le había arrebatado el tricampeonato de Europa al Inter de Helenio Herrera, exequipo del Bocha.

La historia ya la conocemos: Racing definió la serie a puro corazón y garra en el tercer partido con un gol inolvidable de Juan Carlos “Chango” Cárdenas, luego de perder 1 a 0 en Glasgow y ganar en Avellaneda por 2 a 1. Debido a la internación de Miguel Mori por un cuadro de alergia, Maschio jugó los tres partidos como “ocho” definido, con menos soltura pero aun así, su magia brilló igual.

El equipo de José campeón del mundo en 1967

De ese modo, Racing ganó la primera Copa Intercontinental para la República Argentina, y hasta ese momento fue el máximo galardón que el deporte nacional había obtenido. El Bocha, un auténtico hijo de la casa, se dio el lujo de que el olimpo del balompié sea del cuadro de sus amores y con la gracia de que haya sido su fútbol el que puso a Racing en la cima.

No quedaban muchos desafíos por delante siendo que Racing ganó todo lo que se podía ganar. Maschio sabía que se iba a retirar pronto, en la plenitud del rendimiento. Al año siguiente del mejor momento de la historia del club, el Bocha colgó los botines.

Fue con Racing en alto: se escapó el Campeonato 1968 ante el Estudiantes de La Plata de Zubeldía que también lo eliminó de la Copa Libertadores de ese año.

El Bocha dejó el fútbol y se dedicó a ser entrenador. Lamentablemente no arrancó bien: dirigió cuatro partidos al Seleccionado Nacional que luego con Adolfo Pedernera quedó afuera de la clasificación al Mundial de México 1970. Luego dirigió brevemente a Racing y también a la selección de Costa Rica.

Sus únicos logros como entrenador los logró cuando cruzó a la roja vereda de enfrente, donde hizo debutar a Ricardo Bochini en 1973 y salió campeón de la Copa Libertadores y la Copa Interamericana.

El resto de su carrera como entrenador no sería tan brillante como lo fue su comienzo: pasó por Chacarita, Gimnasia de Jujuy, Barcelona (Ecuador), Liga de Quito (Ecuador), Blooming (Bolivia), Platense, Unión, Talleres, Belgrano, Instituto, Racing de Córdoba y por último, nuestra querida Academia en los noventa, junto a Basile, Brindisi y por último, Gustavo Costas en tiempos de quiebra.

El Bocha Maschio puso la cara y el pecho en momentos tanto gloriosos como difíciles de nuestra querida Academia. Apareció en una época gloriosa, brilló y maduró como jugador en Europa.

El Bocha Maschio en el Cilindro en 2013.

De lo que fue una promesa en los cincuenta, fue una realidad en los 60: Maschio le dio a Racing las máximas glorias como institución, y no fueron únicamente las mieles del éxito las que le trajo a la Academia.

El Bocha puso el cuerpo cuando Racing quebró y junto a Gustavo Costas, se hizo cargo del primer equipo, con el interesante dato de color de haber subido a la primera división a Diego Alberto Milito, el único gran ídolo del club de historia parecida a Maschio.

Sin lugar a dudas, el Bocha es un ícono del club, un símbolo del fútbol de la Academia, y una gloria que la gente de Racing siempre tendrá como ejemplo del sentido de pertenencia racinguista.

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