En un día como hoy pero hace ya cuatro años, la Academia Racing Club venció por 1 a 0 a Godoy Cruz, con un gol de cabeza de Ricardo Centurión y se consagró campeón después de 13 años sin títulos. La malaria que se había cargado un presidente, un vice y cinco entrenadores -entre los que estaba el gran Mostaza Merlo- finalizó cuando volvió de triunfar en Europa el hijo pródigo de la casa: Diego Alberto Milito. El “22” se hizo cargo de la capitanía y significó más que un refuerzo de jerarquía: fue el espíritu de un equipo que pasó de ser un simple cuadro en formación a un campeón indiscutido, con rendimientos superlativos. “Prefiero perder con Independiente, pero pelear el campeonato”, había dicho premonitoriamente Diego Cocca y cumplió. De los murmullos a la gloria, el DT encontró el equipo. Como con Merlo, la Academia le arrebató el título a River una vez más y toda Avellaneda fue carnaval.

El capitán Diego Alberto Milito celebrando la gloria obtenida en 2014.

Un infierno como antesala

El propio Mostaza Merlo, el DT que cortó la sequía más larga de la historia del club, había estado ese mismo año al frente del equipo, pero sin mucho éxito.

Mostaza había llegado el año anterior, cuando una crisis institucional se cobró las salidas del por entonces presidente Gastón Cogorno, su vice primero Rodolfo Molina, y el DT Luis Zubeldía. Pasaron Carlos Ischia, Fabio Radaelli, Nacho González y finalmente el ya mencionado Merlo pero ninguno pudo torcer el destino de los últimos puestos: Racing se salvó del descenso por tres puntos.

Los 33 puntos cosechados en 36 partidos jugados representaron la peor marca de toda la historia del club, y encendieron las alarmas en la Avenida Mitre. Racing tenía que hacer una campaña importante si no quería que la calculadora estuviera otra vez en la mesa de los hinchas.

Para ello, debió reforzarse. Volvió el último jugador activo y de nivel que había sido campeón en 2001: Diego Alberto Milito. El ex número 11 de la escuadra del “Paso a Paso” había ganado todo en Europa y no había podido regresar con Mostaza en el mercado de pases anterior.

A pesar de que Racing lo necesitaba más que nunca, Milito no se quiso cargar de presión y dijo que no venía como un salvador, pero fue mucho más que eso.
Previo al arribo del bernalense, se le había sumado el del entrenador: Diego Martín Cocca, hacedor del único ascenso a primera en la historia de Defensa y Justicia.

Al nuevo DT la dirigencia le concedió bastantes gustos, muchos de ellos polémicos por coincidir representante Christian Bragarnik. Hasta se había dado un pequeño escándalo con el por entonces lateral de All Boys, hoy en Lanús, Leonel Di Plácido, quien lo había acusado de cohecho para llegar al club.

Luego de la partida de medio equipo, llegaron muchos jugadores para torcer el rumbo: volvió del Genoa el canterano Ricardo Centurión, llegaron del ascenso Marcos Acuña (Ferro) y Nelson Acevedo (Defensa y Justicia), y de primera los cordobeses Ezequiel Videla (Colón) y Luciano Lollo (Belgrano), además de Nelson Ibañez, Gastón Díaz, Facundo Castillón, Leandro Grimi y Germán Voboril.

El largo camino del campeón

El debut de ese equipo se dio en San Luis por Copa Argentina ante San Martín de San Juan, y fue también la primera vez en las redes del hoy mejor jugador de Racing, Marcos Acuña. A Milito se lo notaba más lento que cuando se fue, pero con un criterio que no se veía desde Rubén Paz.

Gastón Díaz fue clave en el pase en el mítico Transición 2014.

El estreno por liga fue ante el exequipo de Cocca, Defensa y Justicia, y significó el regreso oficial de Diego Milito como jugador de la Academia. El 22 no defraudó y fue clave: aportó con juego y el último de los tres goles que marcó el equipo –dos de Hauche tras brillantes asistencias de Gastón Díaz.

 

Tras revalidar el primer impulso al vencer por 2 a 0 a San Lorenzo como local, la tercera fecha fue un baldazo de agua fría. Tigre barrió a Racing 4 a 0 a fuerza de pura contundencia y complicidad de un flojo Nicolás Sánchez. Los cuestionamientos futbolísticos se sumaban a la partida del colombiano Roger Martínez para traer a un delantero suplente, como lo era el exRiver Gustavo Bou. Pero Cocca confió en el entrerriano y el tiempo le terminó dando la razón.

Luego de un triunfo ante Arsenal en el que Milito volvió a marcar en su casa después de diez años, la imagen del equipo empezó a resquebrajarse lentamente. Ya con Yonathan Cabral en la zaga, la Academia perdió a Milito por lesión en el medio del clásico ante Independiente y terminó derrotado con polémica como visitante por 2 a 1.

Una derrota injusta ante Lanús por 3 a 1 como local puso en tensión al DT a quien le pusieron banderas en su contra en las tribunas. Una derrota parcial ante Boca por uno a cero en un partido suspendido por lluvia y la eliminación en octavos de final de Copa Argentina ante el AAAJ de Juan Román Riquelme, pusieron en jaque al técnico.

Luciano Lollo, el caudillo del fondo.

Al tiempo que el plantel se desprendía del barbado Diego Villar, el vacío que había dejado Milito en la delantera, lo empezó a ocupar Bou, quien debutó en las redes ante Newell’s de local, en un clima caldeado.

Para la reanudación del suspendido encuentro ante Boca, el equipo demostró jerarquía con el regreso de Milito. La Academia dio vuelta el partido con dos goles de Bou tras magistrales intervenciones del Príncipe de Avellaneda, y recuperó la ilusión.

Una goleada contundente ante Belgrano en la difícil Córdoba con dobletes de Acuña y Bou –ya titular en lugar de Hauche- sentenció que la Academia pelearía el torneo. Pero otra vez la irregularidad se apoderó de Racing, que perdió un partido increíble de local ante Atl. Rafaela por 2 a 0 después de errar un sinfín de goles.

A pesar del resultado, Racing ya había encontrado su funcionamiento: Saja era la base de una defensa que tenía en Lollo al hombre seguro de la zaga, un Cabral que prometía muchísimo se acoplaba a los laterales Leandro Grimi e Iván Pillud, que recibía ayuda del lateral-volante que tenía encima, Gastón Díaz.

Luli en un abrazo eterno con el ídolo Milito.

La mitad de la cancha estaba cubierta con el tapón Ezequiel Videla y Luciano Aued, que le había ganado el puesto a Nelson Acevedo. Como un alfil del ataque estaba por izquierda Ricardo Centurión, de un nivel algo irregular pero con un encare letal, en coincidencia con un inspiradísimo Gustavo Bou, de contundencia y gol fácil.

Flotando como un antiguo nueve pivot o un enganche mentiroso, estaba el capitán Milito potenciando a todos sus compañeros y cargándose 111 años de historia sobre la espalda, probablemente la más ancha de todo Racing.

Completaban la rotación los refuerzos Acuña, Voboril, Ibañez, Castillón, Sánchez, y otros que estaban desde antes como Francisco Cerro y Wason Rentería. Mientras que los canteranos Nico Oroz, Facundo Castro, Gastón Campi, José Luis Gómez y Juan Musso completaban el plantel.

Gustavo Bou, la carta de gol del equipo de Cocca. Marcó 10 goles en ese torneo.

Desde la fecha 11, cuando Racing demolió por 4 a 0 en el Único de La Plata al Pincha, el equipo no volvió a conocer la derrota. Una victoria por 2 a 0 como local le hizo conocer al plantel que la gente no había perdido la esperanza, pero en Bahía Blanca el equipo decepcionó.

En ventaja con un gol de Gabriel Hauche, el equipo se dejó estar y sobre la hora Cobo se lo empató, invitando al fantasma del autoboicot a que hiciera destrozos en la moral de Racing.

Pero la Academia había cambiado el chip: Milito, un ganador nato, dotó a todo el club de su mentalidad, y no sería tan fácil quebrar ese espíritu. Un golazo de Hauche en el que participaron todos los atacantes del equipo sentenció el 1 a 0 con el que se derrotó al Lobo en el bosque.

De local, ante Banfield el equipo de Cocca venció por 1 a 0 con gol de Bou y la Academia se prendía en la lucha por el título, cuya punta le pertenecía al vistoso River de Gallardo, que había que enfrentar en la fecha 18.

El fatídico sprint final

Antes de esa final, el rival era Quilmes en el sur y el panorama fue dramático. Al poco del final del primer tiempo, Laverni cobró un penal dudoso para el cervecero y las dudas inundaron el lado bueno de Avellaneda. Sebastián Martínez disparó pero se encontró con el subcapitán Sebastián Saja, aquel que se bancó viento y marea en sus años magros en Racing.

La atajada del campeonato: el penal ante Quilmes en el Transición 2014

El amigo de Milito inyectó aire en los pulmones de un equipo que no podía abrir el partido: para mayor tensión aún, el capitán se fue enfurecido del campo cuando Cocca lo reemplazó faltando veinte por Hauche.

Racing empataba y el campeonato se le escapaba, hasta de un tiro libre de 35 metros, Bou sacó un meteoro que le rompió el arco a Benítez y dejó afónico a todo Racing.

La Academia ganó y llegaba de la mejor manera para el cotejo con el millonario, que iba a jugar con suplentes el clásico decano del fútbol argentino porque jugaba semis de Copa Sudamericana ante Boca Juniors.

En un partido no apto para cardíacos, Racing jugó feo ante River pero tuvo ese no-se-qué que tienen los campeones. A los 15 PT, una jugada desprolija de Milito en el área rival logró que la torpreza de Ramiro Funes Mori empuje la pelota hacia el arco y explotó medio Avellaneda.

El once campeón de Diego Alberto Milito

El Capitán se ahogó en un grito de campeón que se aunó con todo el pueblo racinguista y parecía que el título se avecinaba nomás. El equipo sufrió más de la cuenta pero venció a su rival de punta y a sus propios demonios. Quedaban sólo dos pruebas más y la Academia no tenía margen de error.

Ante Central en Rosario, el equipo le devolvió a Milito las asistencias y el crack marcó un doblete que sumó al 3 a 0 que definió el encuentro, con una nota aparte para Saja que tuvo una actuación ejemplar.

Restaba solamente definir el título en casa, como no pasaba desde 1961, cuando ídolos como el Loco Corbatta y el prócer Juan José Pizzuti daban su segunda vuelta como jugadores y sentaban un record que podía romperse ese 14 de diciembre si Milito era campeón.

Saja; Pillud, Lollo, Cabral, Grimi; Díaz, Videla, Aued, Centurión; Milito y Bou fueron los once que salieron a hacer historia esa noche. Racing jugó ansioso ante un Godoy Cruz que no se intimidó ante las 60 mil almas racinguistas que hicieron de esa noche algo inolvidable.

A los 3 minutos del segundo tiempo, Milito ganó una pelota en posición de pivot y abrió para Gastón Díaz, que despachó a su marca tras abrirse hacia la derecha y lanzó un centro que Ricardo Centurión capitalizó con un cabezazo hacia abajo.

Ricardo Centurión celebra el gol del campeonato ante Godoy Cruz en un Cilindro colmadísimo,

La pelota rebotó en un central del Tomba, se metió dentro del arco y desató la euforia masiva en el Cilindro. ¡Gol de la Academia y Racing puede ser campeón! Sobre el final del encuentro, Lollo tuvo un quite a lo Perfumo que valió como un gol, y finalmente el partido terminó: ¡Racing campeón!

“Racing es todo, es mi vida, volví para esto”, dijo emocionado el capitán Milito y entró en el olimpo de los próceres de Racing. La alegría fue inconmensurable, la angustia se había disipado finalmente, la grandeza volvía al campeón de antaño, el gigante dormido.

En un año plagado de dramatismo y con un DT que creció sobre la marcha, sumado a rendimientos casi de selección, como los de Gustavo Bou –marcó 10 tantos-, Luciano Lollo y Ezequiel Videla –que evocaba al mejor Polaco Bastía, Racing pudo dar la vuelta.

El Coliseo de Avellaneda de fiesta, a la vera de un nuevo campeonato.

Se pudo volver a alzar un trofeo otra vez desde dos brazos: los del Chino Saja, el otro líder del plantel y los de un pibe que sufrió la quiebra y rompió la maldición de los 35 años sin títulos. Un crack que volvía cual San Martín y le daba a la Academia una estrella más en su palmarés.

Gracias eternas jugadores, y gracias eternas, Diego Alberto Milito.

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