En un día como hoy pero de 1951, la Academia disputó el título en un desempate ante Banfield en el Palacio Ducó y lo venció por 1 a 0 con un eterno e inolvidable golazo del Atómico Boyé. Con ese triunfo, Racing se consagró campeón por tercera vez consecutiva y se coronó como el primer tricampeón del profesionalismo argentino. El elenco dirigido por el astro del tiento, Guillermo Stábile, una vez más conseguía lo que la historia del glorioso Racing Club de Avellaneda dicta: obtener títulos en forma consecutiva como hizo desde 1914 hasta 1921.

El equipo tricampeón de Stábile con la camiseta alternativa.

El 5 de diciembre de 1951, el Racing Club presidido por Carlos Paillot, dirigido técnicamente por el goleador del Mundial Uruguay 1930 y hasta el momento bicampeón con la Academia, Guillermo Stábile, se hizo del Campeonato de Primera División 1951. El match definitorio del título fue ante Banfield, en un desempate.

Resulta que la Acadé había repetido una campaña de campeón, al igual que los dos años previos en los que había campeonado con la particularidad de que el primer título –el de 1949- fue el que rompió una sequía de 24 años sin campeonatos de liga.

Racing no era ningún experimento, sino más bien era una sistema ajustado, un equipo que se conocía de memoria, que gustaba y que se había acostumbrado a ganar, a pesar de alguna espontánea caída.

El goleador Sued –que no cabeceaba porque portaba lentes de contacto- así lo describió: “En el 49 el equipo ya respondía como una maquinita. Jugábamos de memoria, sin gritarnos. Se nos había metido en la sangre la necesidad de ganar un campeonato”. Y la conducta perduró en el año siguiente, por lo que el 51 no fue la excepción.

Para la temporada 1951, Racing incorporó a Juan Carlos Giménez de Huracán, para reforzar la defensa y a Alberto Cesáreo para el ataque. También arribó el guardametas ex Banfield y River, Héctor Grisetti, que luego fue quien honorablemente sucedió al ídolo Antonio Rodríguez, quien se reitró para dedicarse a la política.

Cuenta la leyenda que el apego de Rodríguez hacia el peronismo era tal que pidió no jugar ante Banfield, un equipo muy querido por Eva Perón, para no traicionar al movimiento. Sea como fuera, en esa final del 5 de diciembre el arquero titular fue Grisetti y el resto del equipo se compuso de: la impasable dupla defensiva Higinio García-José García Pérez; el ya mencionado Giménez, Inocencio Rastelli, Ernesto Gutiérrez en la mitad de la cancha y en ofensiva, Mario “El Atómico” Boyé, Manuel Ameal en reemplazo del ídolo de la grada “Tucho “Méndez, Rubén Bravo, Llamil Simes y Ezra Sued.

El inolvidable equipo de Stábile había arrasado esa temporada, invicto y más victorioso que empardado salió en la cuenta final de clásicos disputados.

A no ser de la derrota ante River como visitante y contra Boca por 2 a 1 en el flamante Cilindro inaugurado el año anterior, la Academia venció a San Lorenzo las dos veces (2 a 0 de visitante y 2 a 1 como local), empató dos veces 1 a 1 ante Independiente en casa y versus Boca como visitante, y ganó el clásico de visitante ante el Rojo por 1 a 0, además de que apabulló como nunca a River por 5 a 3.

La Academia tenía un equipo ejemplar: desde Ernesto Gutiérrez, apodado “El Rey Petiso” surgían las jugadas desde la recuperación hasta la distribución más arriba. En el ataque, Boyé había superado lo conquistado por Salvini, campeón en 1949 que había emigrado y sucedido su lugar al genial delantero exBoca.

El Atómico era notable, era tremendo en el traslado y tenía una pegada impresionante. No solo el trabajo de este insider derecho era importante en ofensiva sino que la casi de memoria labor de los delanteros Ameal, Bravo, Simes y Sued facilitaba las cosas para definir con mayor facilidad en los últimos metros.

Goleadas como visitante a Platense (4 a 2) y Gimnasia y Esgrima La Plata (3 a 0), y como local a Atlanta (4 a 0), Huracán (3 a 1) y a Lanús (5 a 3) hacia el final de campeonato dan cuenta del temible y poderoso ataque del elenco de Stábile.

Racing llegó a la cima del campeonato con diecisiete partidos ganados, trece empatados y cuatro perdidos; a una suma de 44 puntos que no le fueron suficientes para hacerse de la punta en soledad.

El primer puesto fue compartido con el Taladro, equipo favorito de la Dama Espiritual de la República, la Primera Dama Eva Duarte de Perón, que había sido operada un mes antes por el cáncer que al año siguiente se llevó su vida.

Más allá de favoritismos políticos, el elenco del sur bonaerense era un cuadrazo y demostraba todo en la cancha. También había llegado a la suma de 44 puntos y tenía que definir el título con la Academia en un partido desempate. El primer partido fue en San Lorenzo y fue parda en cero por lo que la definición se dio en la cancha de Huracán, cuatro días más tarde.

La Academia salió a todo o nada y disputó un partido durísimo ante un rival tremendo como lo era ese Taladro, y el primer tiempo terminó empatado en cero. Cuenta el mito que habría existido ciertas presiones para que Racing aflojara en el segundo tiempo y regalarle a Evita el título del 51, pero nunca ha sido comprobado.

Como fuera, la Academia salió convencida de que el título le pertenecía y apenas arrancó el segundo tiempo, se lo hizo saber al marcador. Mario Boyé sacó de la galera un tremendo disparo que se estrelló en la red y marcó el 1 a 0 para la Academia. Gol de Racing y el campeonato otra vez parecía que era de la Academia.

Y así fue, Racing fue campeón por tercera vez consecutiva, por tercera vez en el profesionalismo, por onceava vez en su historia. El Atómico relató a la prensa tras la consagración: “Tenía necesidad de un gol así…  Además, tenía la certeza de hacerlo… Yo sé que cuando las cosas parecen andar peor, se enderezan de pronto…”.

El Racing de Stábile una vez más alcanzaba la gloria y ponía sobre la mesa la gloriosa historia del cuadro albiceleste de Avellaneda, aquel que lleva el mote de Academia por todos los títulos conseguidos, aquel que tenía que dar su primera lección a los demás en el profesionalismo.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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