En un día como hoy pero de 1975 nació en la localidad colombiana de Ebéjico uno de los mejores laterales izquierdos de la Academia de las últimas décadas: Gerardo Bedoya. El colombiano fue una pieza clave del equipo que, comandado por Reinaldo “Mostaza” Merlo, rompió el maleficio de más de tres décadas sin títulos y dio la inolvidable vuelta el 27 de diciembre en el estadio de Vélez Sarsfield. Jugador aguerrido y excelente pegada, Bedoya tuvo un excelente paso por el glorioso Racing Club de Avellaneda: 54 partidos, cuatro goles y un título de liga. Resulta imposible olvidar aquel golazo impresionante que le marcó a River Plate sobre la hora, en un Cilindro incendiado de pasión.

El equipo de Mostaza ante River: Loeschbor, Maciel, Úbeda, Campagnuolo, Barros Schelotto; Bedoya, Vitali, Estévez, Arano, Milito y Bastía

Gerardo Alberto Bedoya Múnera nació un 26 de noviembre en la región antioqueña de Ebéjico, Colombia. Abandonó su localidad de nacimiento para formar parte del seleccionado de Antioquia, en Medellín y su debut como profesional se dio en el club Deportivo Pereira.

Tras tres temporadas allí fue transferido al Deportivo Cali, equipo en el que fue campeón en 1998. En el verdiblanco jugó tres temporadas en las que se destacó tan notablemente que llegó a ser convocado para el seleccionado nacional, en el que en el mismo año de su debut como internacional, ganó la Copa América de 2001 en su tierra.

Tras esa copa, fue transferido a nuestra querida Academia. En ese momento, el club se encontraba usurpado por el gerenciamiento, encabezado por Fernando Marín. El actual gerente de Fútbol para Todos decidió que Mostaza Merlo debería tener los refuerzos que el hombre de la estatua iba pidiendo. Por lo tanto, llegó desde Cali Gerardo Bedoya, acompañado de otro compatriota suyo, Alexander Viveros.

En la Academia, Bedoya demostró su polifuncionalidad. El esquema que planteaba Mostaza le sentó a la perfección: necesitaba de dos laterales que hicieran las veces de carrileros, que llegaran al fondo pero sin perder la marca. Martín Vitali hacía lo suyo por la banda derecha pero con menos despliegue en ataque, en cambio, por izquierda, Racing tenía a un tractor.

Si la situación lo ameritaba, el colombiano era tres, era doble cinco y era volante por izquierda. Una gran tenacidad y despliegue físico destacaban a Bedoya en ese inolvidable equipo. Pero no sólo esas eran sus cualidades técnicas: Gerardo contaba con una gran pegada y buena técnica para jugar.

Gerardo Bedoya y su coterráneo Alex Viveros celebrando el campeonato de 2001 en Vélez.

En el campeonato en el que dio la vuelta, jugó casi todos los partidos. Desplazó a un pibe del club como Chiche Arano de su puesto, pero sumó mucho para el Equipo del Paso a Paso. Colaboró con tres tantos en esa tremenda proeza que fue romper el maleficio de 35 años sin títulos.

Bedoya marcó su primer tanto en la Academia en esa goleada inolvidable al Ciclón del Ingeniero Pellegrini que era el campeón de la liga en ese momento. El golazo del colombiano tuvo una definición exquisita de vaselina que el Chino Saja no pudo alcanzar. La fecha siguiente, en Santa Fe, le hizo un golazo a Unión con una jugada con bicicleta a lo Ronaldo incluida.

El tercer y último tanto de Bedoya en el Apertura 2001 fue el más importante. Uno de los más significativos de su carrera, según él mismo, y también de todo Racing en los últimos tiempos. La Academia peleaba el título y debía recibir a River en la fecha 16. Arrancó perdiendo con un gol de Esteban Cambiasso y parecía que la noche se venía para el equipo de Merlo.

A muy poco para el final, el Polaco Bastía hace la jugada de su vida, que finaliza en los pies de Martín Vitali, quien por derecha arroja un centro que el experimentado Ángel Comizzo rechaza pero da rebote. La pelota quedó boyando en el área hasta que Bedoya, de primera, clavó un zurdazo que la depositó increíblemente en el ángulo derecho del arco. Golazo de la Academia y el Cilindro explotaba de alegría, de desahogo, de locura.

Mostaza corría por todas partes pidiendo la hora, y Bedoya le hacía saber a la Academia que el título no se iba a escapar. Y así fue. Tres fechas más tarde, Racing dio la vuelta con aquel gol de Gabriel Loeschbor, en el empate en uno ante Vélez en Liniers, la mítica tarde que la Academia llenó dos canchas en el mismo día.

En ese momento, Bedoya entró en la historia grande de Racing. Jugó un par de años más en la Academia, pudo disputar la Copa Libertadores del 2003, el año del Centenario de Racing. Pero terminó volviendo a finales de ese año a su querido Deportivo Cali.

Tuvo una carrera que siguió en muchos clubes, entre ellos Colón de Santa Fe, Puebla (México), Boca Juniors, Nacional de Medellín, Millonarios, Envigado, Boyacá Chicó, Santa Fe de Bogotá y finalmente colgó los botines en Fortaleza, del ascenso colombiano.

Grimi acompañando a Bedoya en el encuentro de campeones en 2015.

Afortunadamente, en 2015 lo volvimos a ver en el Cilindro cuando se dio el festejo de los campeones de 2001 y 2014, en una fiesta inolvidable para todos los hinchas de Racing.

El recuerdo de aquel gol impresionante resulta inolvidable para cualquier hincha de la Academia, seguramente uno de los goles más gritados en la historia reciente del Racing Club de Avellaneda.

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