En un día como hoy pero en 1967 y en Montevideo, se daba la máxima proeza de la historia de Racing y del fútbol nacional hasta ese momento: el Equipo de José, con un golazo increíble del “Chango” Cárdenas, se adueñaba del mundo ante el poderoso Celtic escocés. El espíritu de ese legendario plantel no tenía límite alguno; el impresionante zurdazo de Cárdenas al que el arquero Fallon nunca va a llegar es eterno y un símbolo de lo grande que es Racing, tan grande que en ese 1967, se alzó a la cima del fútbol internacional.

La estirada de Fallon embellece un remate que no sólo carga el talento del Chango, sino toda la historia de un club enorme.

Racing Club de Avellaneda pasó a ser Racing Club de Argentina luego de ganar la complicadísima Copa Libertadores de América en terreno neutral. El histórico “Equipo de José”, obra maestra de nuestro máximo prócer “Tito” Pizzuti, había superado todos los récords: 39 partidos invictos, un campeonato local, una Copa Libertadores y ahora tocaba nada más ni nada menos enfrentarse al Campeón de Europa.

El rival era el Celtic de Glasgow, un equipo durísimo que destronó al bicampeón Inter  Milán que dirigía Helenio Herrera, en una épica final en la capital de Portugal. Apodados “Leones de Lisboa” por dicho logro, contaba con figuras como el puntero derecho Jimmy Johnstone, el volante Bertie Auld y el delantero Bobby Lennox, quienes además de la máxima presea continental, habían conquistado el Campeonato de Escocia, la Copa Escocesa, la Copa de la Liga, la Copa de Glasgow en esa misma temporada.

Martín, el gran capitán, en el saludo oficial ante el Celtic.

En el partido de ida, Racing se vio superado por el equipo escocés y perdió 1 a 0. Fue en Glasgow y la Academia no jugó un buen partido. El chico de vuelta fue en el Coliseo de Avellaneda, el 1° de noviembre de 1967 en el que Racing tenía que ganar como fuera. Arrancó sacando del partido a su rival: un piedrazo desde la tribuna se estrelló en la cabeza del arquero Simpson apenas salieron los escoceses al campo de juego del Cilindro.

Dicho incidente generó un gran malestar en los jugadores y las autoridades del club escocés –quienes amenazaron con sacar al equipo del partido- y el ingreso obligado del arquero suplente Fallon.

El Capitán Martín alzando la Copa Libertadores de América, que habilitó disputar la Intercontinental 1967.

Racing empezó perdiendo con un gol de penal de Tommy Gemmell a los 22 minutos. Pero diez minutos después, en una jugada combinada con Maschio, el Torito Raffo marcó el empate para igualar el partido.

Apenas iniciado el segundo tiempo, Raffo recuperó una pelota dividida en el tercer cuarto de cancha y habilitó a Cárdenas, que le marcó el espacio dentro del área rival para recibir casi de espaldas y, acomodándose a la trayectoria del balón definió con pierna izquierda por debajo de Fallon y gol. El Chango le daba a la Academia la posibilidad de desempatar, como pasó con Universitario y con Nacional.

El desempate se dio apenas tres días después de ese partido en el Estadio Centenario de Montevideo, Uruguay. La disputa de esta Copa se había vuelto una cuestión nacional en Argentina: hinchas de todos los cuadros alentaban por Racing más allá de sus cuadros de pertenencia.

Sin embargo, salvo por los más de diez mil argentinos que viajaron a alentar a la Academia y los hinchas de Peñarol, todos estaban con los escoceses.

El equipo de José salió a la cancha con Agustín M. Cejas en el arco, el capitán Martín de 4, Perfumo y Coco Basile en la zaga y el “Buche” Chabay de 3 -quien reemplazaba al Panadero Díaz, de floja actuación en Escocia.

El puesto de Mori, desafectado por una reacción alérgica que lo tuvo convaleciente algunos días, le tocó al más importante estratega que tuvo Racing: Humberto “Bocha” Maschio. Rulli hizo de tapón y el Yaya Rodríguez jugó de 10.

Arriba, tres puntas: el brasileño Joao Cardoso, el Chango de 9 y el Toro Raffo de puntero izquierdo. Ante 90 mil espectadores, el reloj marcó 15:50 y el tercer y definitorio encuentro por el título intercontinental ya estaba en marcha.

Basile hace de las suyas en el tole tole montevideano contra los británicos.

Racing tomó la iniciativa al principio pero primó la violencia, y sería la tónica del partido en todo momento: a los dos minutos Mc Neill le pegó a Rulli y el Coco Basile salió en defensa del 5 académico. Dos minutos más tarde Lennox golpea fuerte a Basile y luego trompea a Raffo cuando éste le pasa cerca.

A los diez minutos, la Academia ya contaba con dos acercamientos al arco de Fallon, uno por cuenta de Cárdenas y el otro, por el Yaya. El Celtic estaba sumamente nervioso y casi ni llegaba, mientras que Racing era sólo destellos de Humberto Maschio.

Lo que sí sucedía eran infracciones: a los 37, se armó una calurosa batahola en un cruce entre Rulli y Johnstone, que pasó a convertirse en una gresca plagada de puñetazos y empujones de un lado y del otro. Entre todo ese desaire, el árbitro Pérez Osorio perdió siete minutos de juego para tratar de poner en orden todo el caos y como saldo, dejó las expulsiones del querido “Coco” Basile, quien –como buen líder de equipo- en su expulsión se llevó al escocés Lennox y ambos quedaron con diez en cancha.

Ya en el segundo tiempo, la figura del Celtic -el colorado Johnstone- se salió de sus casillas en un mano a mano en el que nuestro capitán Oscar Martín no lo dejó salirse con la suya, por lo que el escocés respondió con un puñetazo de KO al rostro del 4 argentino, casi al lado del colegiado paraguayo.

Lógicamente, el árbitro tuvo que expulsarlo y quedaron 10 de Racing contra 9 de Celtic, razón por la cual había que hacer pesar esa superioridad numérica y no prenderse en la pelea de la que los británicos no podían o no querían salir.

El rival de Racing se replegó un poco tras perder a su figura y casi que dejó de jugar. Por el contrario, el equipo de José retuvo más la posesión del balón y fue en el minuto diez que la historia cambió para siempre.

Combinaron Rulli y el Yaya, para que la rececpción de Cárdenas, que se abría del centro hacia la izquierda. El Chango vio el claro y escuchó un “¡Pateá!” de un compañero. Lanzó un zurdazo que cargaba la fuerza de un país, su hambre de gloria y la de todo el Equipo de José.

Semejante potencia no podría ser detenida jamás, de manera tal que Fallon con tirarse espectacularmente, lo único que hizo fue decorar la imagen como si fuera una pintura de museo. Fue una maniobra impresionante, increíble, inédita hasta el momento: ¡Golazo de Racing!

El Chango se fundió en un abrazo eterno con Pizzuti y con todos sus compañeros. Todos en un mismo abrazo, todos, Racing y Argentina. El Centenario estalló en la euforia de los hinchas argentinos que fueron a acompañar a la Academia, y los escoceses se derrumbaron aún más.

Porque fue un gol de otro partido, casi de otro deporte, considerando la violencia con la que se estaba jugando “La Batalla de Montevideo”, como la apodaron los medios británicos.

Lo ríspido del encuentro continuó en los siguientes 35 minutos de juego. Apenas pasados dos minutos del gol del Chango, Hughes casi descuenta, pero Racing estaba convencido de que no se le iba a escapar. Celtic adelantó las líneas pero los desempeños del “Mariscal” Roberto Perfumo, el “Buche” Chabay y el “Coco” Rulli brindaron la seguridad necesaria para cuidar el cero.

A sólo quince del final, Cejas se arrojó al piso para hacer tiempo. Hughes no lo pudo tolerar y le propinó un vil puntinazo al portero académico que estaba en el suelo. Tal acción desleal no tuvo otra consecuencia sino irse del juego: expulsado Hughes y el Celtic con 8.

Con el partido estaba controlado  y  a tres minutos del final, Pérez Osorio compensó con la expulsión de Rulli, pero la final del mundo era de Racing, la copa era de Racing, el Mundo era de Racing. Sobre la derecha avanzaba Joao Cardoso, quien retrasó el balón para el capitán Martín y Pérez Osorio pitó el final del encuentro: ¡RACING CAMPEÓN DEL MUNDO!

El Centenario explotó y la Academia escaló a la cima del mundo. El equipo de José era el mejor de todos y lo había demostrado.

Cejas junto a Raffo y Perfumo con la máxima conquista de la historia del club: la Intercontinental 1967.

La Academia obtuvo su primera y única Copa Intercontinental y con ese triunfo se consagró como el primer equipo argentino en ser campeón del mundo, en ganar la copa que nuestros eternos rivales no habían podido ganar en dos oportunidades, y en brindarle a nuestro país el primer reconocimiento internacional de toda su historia en materia futbolística.

Sin dudas, fue el mejor momento de la historia del club y fue la corona de oro de un ciclo inolvidable, insuperable y ejemplar, en el que no hubo otro mejor que la Academia, un equipo que arrancó desde el piso para erigirse como el mejor, como lo que su esencia histórica dictó: el equipo más campeón de la era amateur no solo recuperó la gloria con Pizzuti, sino que la llevó a niveles que nunca nadie podría haber creído.

Afortunadamente, el 27 de octubre de 2016 la FIFA reconoció a este trofeo como Copa Mundial de Clubes con lo cual, la Academia homologó la máxima presea de toda su historia. El merecido homenaje que recibieron muchos de los jugadores el año pasado en el Cilindro es apenas una muestra del reconocimiento que merecen nuestros ídolos, que cada año que pasa son más grandes.

Desgraciadamente, desde aquel festejo hasta hoy se han dado dos bajas en la defensa: los muy queridos “Panadero” Díaz y el recientemente fallecido Nelson “Buche” Chabay.

El equipo de José es el vivo recuerdo de la grandeza de este maravilloso club que las vivió todas; una muestra de hasta donde se puede llegar a fuerza de trabajo, esfuerzo, pasión y sentido de pertenencia. En este nuevo aniversario, vale la emoción recordar para no olvidarnos que Racing de Argentina alguna vez fue el dueño del mundo.

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