En un día como hoy pero de 1959, nació uno de los últimos grandes ídolos del Racing Club de Avellaneda: Rubén Paz. Conductor, talentoso y de magnífica pegada, el uruguayo fue uno de los jugadores fundamentales en el exitoso ciclo del “Coco” Basile hacia finales de los 80. En los cinco años que vistió nuestros colores, Rubén Paz nunca perdió un clásico y se dio el lujo de romper una sequía de 21 años sin títulos para el club cuando se consagró campeón de la Supercopa 1988.

El equipo que logró el último título internacional, con Rubén Paz de 10.

Rubén Walter Paz Márquez nació en la norteña ciudad uruguaya de Artigas, el 8 de agosto de 1959. Formado inicialmente en Peñarol de Artigas, ya a los 17 años fue campeón juvenil en el Campeonato Sudamericano de Venezuela 1977.

Los dos mejores 10 del continente, en el Sudamericano Juvenil de 1979.

Al poco tiempo, recaló en el club de sus amores, Peñarol de Montevideo, y bajo la influencia del DT brasileño Dino Sani, perfeccionó su técnica y obtuvo sus primeros títulos como jugador: fue campeón en el aurinegro en 1978 y 1979 con Sani y con Luis Cubillas en 1981, torneo en el cual se consagró goleador con 17 tantos.

Entre esos laureles, su carrera con la celeste seguía creciendo. Paz era considerado uno de las grandes promesas del fútbol uruguayo y sudamericano, hasta se lo llegó a comparar con Maradona tras el duelo que tuvieron en el Campeonato Sudamericano Sub-20 de 1979, en Uruguay y luego en el Mundial Juvenil que ganó la Argentina.

Campeón con Uruguay del Mundialito 1980, luego de su enorme papel en el Peñarol campeón de 1981, Dino Sani se lo llevó al Inter de Porto Alegre donde Paz destacó notablemente.

Allí fue tricampeón del Campeonato Gaucho en los años ’82, ’83 y ’84, para partir hacia Europa dos años más tarde de la última conquista.

Antes de dejar Brasil, se dio su debut mundialista en la Copa de México 1986. Allí, la actuación de su selección fue más que discreta, y otra vez, como en el ’79, a Rúben le tocó quedar afuera ante la Argentina de Maradona.

El Gráfico anunciaba la llegada del “Rúben” a la Academia del Coco Basile.

Tras una temporada en el francés Racing de Matra, el diez uruguayo recaló en Racing en medio de una gran campaña, en la que el equipo peleaba el campeonato de la mano del Coco Basile. Paz asistió al Cilindro el partido anterior a su efectiva incorporación y fue justo el mismo día en el que la Academia destrozó a Boca Juniors por 6 a 0.

A la semana siguiente, debutó con gol y empezó el romance: “¡Uruguayo, uruguayo, uruguayo!” bajaba de las tribunas racinguistas cada vez que Rubén Paz deleitaba a la hinchada con las geniales pinceladas de su exquisita zurda.

El Uruguayo fue la cuota de magia de un plantel demoledor, un equipo que de la mano de un hijo de la casa como Alfio Basile, recuperó la esencia del Primer Grande tras el ascenso en 1985 y las campañas en las que Racing fue siempre animador.

En el Cilindro, Rubén Paz encontró la casa que había perdido tras dejar Peñarol: se convirtió en ídolo rápidamente e hizo goles memorables de tiro libre, de jugada, en clásicos, en Liguilla, en campeonato, como ningún otro hasta la fecha pudo hacer.

Una postal épica: Rubén Paz en su casa para su gente, haciendo lo que mejor sabe.

El Rúben fue uno de los principales responsables de una supremacía que Racing ostentó sobre Independiente entre el final de los 80 y comienzos de los ‘90, que comprendió un total de 16 encuentros invictos favorables a la Acadé ante el rival vecino.

Hacia finales del ’88, y punteando ambos la tabla de posiciones, el Uruguayo le marcó al Rojo un gol de ensueño: “Finalizaba el primer tiempo. Sacó Fillol, la pelota me quedó larga por derecha. Vino Pedro Damián Monzón a cerrarme, y al frenarse me dio la posibilidad del enganche. Me salió perfecto porque rápidamente le pegué al primer palo de Vargas. Salió todo perfecto. Desde el saque mismo de Fillol. Es difícil encontrar un gol tan perfecto. Hay mucha gente que tiene guardado este gol como un tesoro”, contó Paz al programa “Abrí cancha”.

Es el último habilidoso que tuvo Racing que pudo ganar títulos: en 1988 obtuvo la Supercopa Sudamericana, que quebró la sequía de 21 años sin campeonatos, y hasta hoy es la última presea internacional que Conmebol le computa a nuestro club.

Cabe la mención a esa confederación porque fue la que le negó al palmarés de Racing –y al de Paz- la obtención de la Supercopa Interamericana que la Acadé alcanzó tras vencer por 3 a 0 al Herediano de Costa Rica en Estados Unidos.

Durante los cinco exitosos años que vistió los colores académicos, Rubén Paz fue compañero de recordados jugadores como Gustavo Costas, Néstor Fabbri, “Camote” Acuña, Miguel Ángel Colombatti, el “Pato” Fillol, Walter Fernández, “Toti” Iglesias, Miguel Ludueña, Hugo Lamadrid, el “Mencho” Medina Bello, “Perico” Pérez, el “Vasco” Olarticoechea, entre muchos otros. Y tanto él como el equipo siempre fueron protagonistas.

La única vez que con él en cancha Racing bajó de los primeros puestos fue en 1989, cuando la AFA de Julio Grondona le descontó puntos en forma muy polémica tras una supuesta agresión a Juan Simón ante Boca Juniors, y lo sacó de la lucha.

Sin embargo, eso le alcanzó para clasificar a la Copa Libertadores, en la cual hizo un gran papel al ganar el grupo –Rubén Paz fue la bandera del equipo y aportó dos tantos-, pero quedó eliminado en octavos ante Atlético de Medellín en Colombia.

Luego de esa experiencia, tuvo un corto paso por el Genoa italiano y regresó a la Academia, donde tuvo cortocircuitos con otro ídolo del club: Roberto Perfumo, el DT de aquel momento.

Durante los últimos años de estadía en Racing, se dio el lujo de eliminar a Independiente en la Supercopa de 1992, en la que se dio el recordado gol con la mano del “Turco” García, previo centro ejecutado por el Maestro Rubén Paz. Hacia 1993 terminó su ciclo en la Academia, y dejó como saldo 33 goles marcados en 152 partidos, dos títulos internacionales y el amor incondicional del pueblo racinguista.

Luego de Racing, Rúben fue dejando de a poco el fútbol: Rampla Juniors, Frontera Rivera, Godoy Cruz de Mendoza, Wanderers de Artigas, Nacional de San José de Mayo, Tito Borjas y Piratas fueron sus siguientes clubes hasta el retiro definitivo en 2000. También fue ayudante técnico de Mario Saralegui en Peñarol, Juventud de las Piedras y Liverpool.

Rubén Paz es sinónimo de buen fútbol y gloria en Racing. La historia nos dice que el recuerdo hacia este grande del fútbol no puede ser menor, ni tampoco el cariño, porque Rubén Paz le devolvió el fútbol exquisito a Racing y brindó alegrías que siempre perdurarán en la memoria del hincha académico.

El Uruguayo es el símbolo de un Racing gigante y ganador, el último “10” ganador, el que pintaba obras de arte en el verde césped con esa mágica zurda.

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