En un día como hoy pero de 1945 nació uno de los más grandes ídolos de la Academia: Juan Carlos Cárdenas. Mejor conocido como “El Chango”, este santiagueño es sinónimo de Racing: es el autor del gol más importante de todos los tiempos racinguistas, aquel inolvidable zapatazo ante el Celtic que coronó a Racing en la cima del mundo. Marcó 89 goles en 297 partidos en el club, donde fue un jugador clave en el ataque del inolvidable “Equipo de José” que fue campeón local en 1966, y de las copas Libertadores 1967 e Intercontinental 1967.

La estirada de Fallon embellece un remate que no sólo carga el talento del Chango, sino toda la historia de un club enorme.

Hace 73 años y en Santiago del Estero -más precisamente en el humilde barrio capitalino de “El Triángulo”-, nació Juan Carlos Cárdenas. Apodado por sus amigos del barrio como “El Polaco”, se hizo hincha de Racing de chico, gracias al único racinguista del barrio: Don Zambrano, quien le regaló una camiseta de Racing y ahí entonces nació la historia del Primer Grande con el Chango Cárdenas.

El romance con la redonda se dio en las canchitas de Los Laureles, donde el Polaco despuntaba el vicio de jugar al deporte más lindo del mundo.

Debutó en la Primera del local Club Unión de Santiago –hoy extinto- apenas a los 16 años y tras ser goleador en un torneo que disputó en Buenos Aires, sus servicios pasaron a ser codiciados por los cinco clubes grandes de la capital nacional.

Pero su corazón ya sabía para que equipo tenía que jugar así que fue a probarse a Racing, en febrero de 1961.

 

Un muy jovencito Cárdena posa para una producción de fotos en el Cilindro.

Cuando llegó al vestuario de la Academia, no podía creer lo que estaba viendo: Anido, Mesías, Federico Sacchi, Pizzuti, Sosa, Peano, Mansilla, Belén, Corbatta. Los ídolos campeones del ’61 en el mismo lugar que él, jugadores que el Chango ya conocía pero sólo por escucharlos por la radio.

Este último, Orestes Omar Corbatta, se sentó al lado suyo y le preguntó de dónde venía, a lo que Cárdenas respondió que de Santiago del Estero. “Yo estuve en Santiago y allá son todos changos. Así que vos vas a ser ‘El Chango Cárdenas’”, dijo el Loco y ahí nació el apodo de uno de los más importantes artilleros que tuvo la Academia.

Iniciado como volante por derecha, fue el DT campeón del ’61, Saúl Ongaro, quien lo mandó a la delantera y vaya si rindió: hizo tres goles el día en el que lo probaron y Racing lo terminó comprando.

Pero fue enviado a préstamo a Nueva Chicago en 1963, por el plazo de una temporada. Fogoneado en el ascenso de los sesentas porteños, el Chango comenzó a tener minutos en la primera de Racing pero su máximo esplendor no llegó hasta que su excompañero Juan José Pizzuti tomó las riendas del primer equipo, en 1965.

“Tito” asumió con el equipo en el penúltimo lugar de la tabla de posiciones y revolucionó el fútbol con sus sagaces estrategias de equipo moderno. Cuenta el Chango que cuando José se hizo cargo del equipo les dejó claro a los jugadores como iban a ser las cosas si querían triunfar: “Racing es ganar”, sentenció José.

El equipo de José marcó un récord de partidos invictos que duró 32 años sin ser superado.

La campaña de Pizzuti al frente de la Academia marcó la época más dorada en la historia del club y su primer mérito fueron los 39 partidos invictos, instancia en la que Cárdenas fue más que importante.

El Chango jugó 36 de los 38 partidos y marcó 7 goles en el campeonato de 1966 en el que Racing se consagró con un fútbol de elite, luego de cinco años sin títulos. Fue la primera estrella en su carrera y el primer sello en la historia de un club en el que su rol es, sin lugar a dudas, protagónico.

El Chango fue de los jugadores más importantes en la durísima hazaña que fue la obtención de la Copa Libertadores 1967. Fue la edición más larga de su historia, y sin dudas una de las más complicadas.

Racing disputó la hoy imposible cantidad de veinte partidos, y estuvo al borde de morir cuando en uno de sus vuelos hubo complicaciones en el aire. El Chango disputó 17 encuentros y aportó 7 goles. Pero mucha más gloria estaba aún por llegar.

La corona continental habilitó a la Academia a disputar la Copa Intercontinental, ante el mejor equipo de Europa: el Celtic de Escocia, que venía de eliminar nada más ni nada menos que al todopoderoso Internazionale de Milán de Helenio Herrera –bicampeón del mundo en forma consecutiva ante nuestros vecinos. Racing llegaba aun peleando el campeonato local y con el equipo con la confianza alta de ser el dueño de América.

El Chango junto al Panadero Díaz y al Bocha Maschio

El primer chico fue en tierras británicas y Racing perdió 1 a 0 con gol del capitán escocés Billy Mc Neil, a 20 minutos del final. En la revancha en el Clindro, Racing empezó abajo en el marcador con un gol de penal efectuado por Tommy Gemmell, que casi salva Cejas, a los 22 minutos. Pero sólo diez minutos después, en una jugada combinada con Maschio, el Torito Raffo marcó el empate para igualar el partido.

 

Apenas iniciado el segundo tiempo, Raffo recuperó una pelota dividida en el tercer cuarto de cancha y habilitó a Cárdenas, que le marcó el espacio dentro del área rival para recibir casi de espaldas y, acomodándose a la trayectoria del balón define con pierna izquierda por debajo del cuerpo del arquero Fallon y gol.

El Chango entraba una vez más en la historia grande de Racing. Era el 2 a 1 que forzaba a un tercer partido y hacía encender al Cilindro y a todo el país, mientras Cárdenas se fundía en un abrazo con sus compañeros.

En el Estadio Centenario uruguayo, se jugó el tercer partido, uno en cuyo once no podía faltar Cárdenas, quien se convirtió en mito esa tarde. El momento llegó cuando a los diez minutos del segundo tiempo, combinaron Rulli y Cardoso, y la pelota pasó del primero a Cárdenas, que se abría del centro hacia la izquierda.

El Chango vio el claro y escuchó un “¡Pateá!” de un compañero. Lanzó un zurdazo que elevándose a la vez que direccionándose hacia el ángulo del palo derecho del arco de Fallon, que con una volada impresionante no hizo más que hacer más espectacular la postal. “Sólo la red detendrá el envío y la Copa del Mundo será nuestra. ¡Gol! ¡Gol de la victoria! ¡Racing campeón!” reza la crónica de la revista El Gráfico.

Golazo del Chango y Racing fue Campeón del Mundo. Fue ese sin dudas el máximo momento tanto en la historia de Racing como en la del fútbol de Cárdenas. El abrazo con Pizzuti coronó ese instante como la cúspide de la carrera del Chango como jugador, que además fue el goleador del certamen.

Cárdenas en el Cilindro el día que llenamos la cancha y no jugamos.

Cárdenas tocó el cielo con las manos y entró en la memoria del hincha de Racing casi como inmaculado. El gol suyo es un símbolo de la cúspide de Racing, el momento en el que el club de Avellaneda fue el mejor de todos, y vaya si no querrá un hincha de Racing vivir semejante momento. El Chango cumplió el sueño de haber metido el gol más importante de la historia del club del que fue siempre hincha.

Los años posteriores a semejante momento lo siguieron viendo en su casa, vistiendo celeste y blanco tanto en Racing como en la Selección. Jugó en la Academia hasta 1972, año en el que la mayoría de los campeones se fue del club.

Su siguiente destino fue México y allí jugó tres temporadas para Puebla y una para Veracruz, hasta su regreso a casa hacia 1977. Se retiró jugando para Racing y rápidamente se puso a dirigir: logró ascender con Lamadrid de la D a la C.

Cárdenas junto a los campeones del mundo en el cincuentenario de la heroica gesta.

Pero su carrera como entrenador de Primera lamentablemente no prosperó mucho más que eso: sólo dirigió después a All Boys y a Deportivo Armenio. Sin embargo, trabajando en las divisiones formativas de su Racing querido fue él, quien junto al Bocha Maschio, recomendaron a la primera a un flaco delantero que luego sería el último gran ídolo de Racing: el dos veces campeón, Diego Alberto Milito.

Aquel inolvidable momento en la carrera de Cárdenas es la más alta cumbre en la historia de Racing y, definitivamente, un motivo de orgullo eterno para el hincha de Racing.

“El gol de Cárdenas” es la postal del éxito racinguista, el ejemplo de la perseverancia y el coraje de un equipo inigualable como el de José.

El hito más valioso pero no un monumento, sino más bien un recordatorio de lo grande que puede ser Racing, de lo alto que se puede llegar dando todo como lo hizo el equipo de José, que alcanzaron la gloria gracias al gol del Chango Cárdenas.

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