En un día como hoy pero de 1950, nació uno de los mejores arqueros de la historia del fútbol: Ubaldo Matildo Fillol. Nacido en San Miguel del Monte, el “Pato” gozó tanto de una extensa como prolífica carrera: mundialista tres veces –en uno de ellos, fue campeón y figura-, tuvo la buena suerte pasar por Racing y dejar un muy grato recuerdo en las retinas de los hinchas académicos. El título de la Supercopa 1988 con él como capitán y guardián del arco de Racing es un logro imborrable en la memoria del Primer Grande.

El equipo que logró el último título internacional, con el Pato Fillol como símbolo.

Ubaldo Matildo Fillol es considerado por la prensa deportiva y la afición futbolera como uno de los mejores arqueros de la historia del fútbol argentino y mundial. Oriundo de San Miguel del Monte, Provincia de Buenos Aires, dio sus primeros pasos con la redonda en el club de fútbol de su pueblo de natal, de nombre homónimo. Jugaba en todos los puestos hasta que terminó decidiéndose por ir al arco.

A los quince años fue fichado por Quilmes, el club en donde adquirió su equívoco apodo. Cuenta la anécdota que Fillol reemplazó en su primera práctica en el club quilmeño a un arquero llamado “El Pato” Iglesias, y como sus compañeros lo empezaron a llamar con el mismo apodo que a Iglesias, el alias quedó.

En el Cervecero pasó años felices en los que, trabajando en una panadería y viviendo en una pensión, conoció a quien sería su esposa para toda la vida y lograría debutar en primera.

Fue un primero de mayo de 1969, y el resultado fue espantoso: Quilmes perdió 6 a 3 contra Huracán en Parque Patricios y el ánimo del Pato se fue al piso al igual que su titularidad.

De todos modos, el tiempo pondría más tarde las cosas en su lugar porque al año siguiente fue citado para la Selección Nacional juvenil y a los dos años, pasaría a un equipo grande por primera vez.

El subcampeón del 72 con casaca retro aurinegra: Panadero Diaz, Wolff, Chabay, Pato Fillol, Squeo y Batocletti. Hincados: Sanchez, Della Savia, Lamelza, Onega, Cárdenas.

1972 encontró a Fillol arribando a la Academia y ganándole el puesto a Carlos Alberto Oriolo. Bajo la dirección técnica de Víctor Rodríguez, ese Racing fue subcampeón del equipo cuervo conocido como “Los Matadores” del “Toto” Lorenzo. Ese joven Fillol junto a leyendas como el campeón intercontinental Juan Carlos “Chango” Cárdenas y “Quique” Wolff, y otros bestias como Carlos Squeo, el “Buche” Chabay, Osvaldo Lamelza y Daniel Onega, fue protagonista del único año bueno de Racing en la oscura década de los 70.

Además de su primer subcampeonato, el Pato cosechó su primer record: seis penales atajados en un mismo torneo, marca que aún hoy no fue superada.

Cuando el Pato aún jugaba en la Academia y era una promesa.

Su altísimo rendimiento lo llevó al año siguiente, a pasar al equipo que lo adoptó como propio, River Plate. Allí jugó un total de diez años y fue campeón en siete oportunidades: Metropolitanos ‘75 –el primero de su carrera, y el que cortó una malaria de 18 años sin títulos para River-, ‘77 y ’79, y Nacionales ’75, 79’ y ’81.

A su vez, en esos años empezó su romance con la Albiceleste: en 1974 jugó su primer mundial, en Alemania. Luego de ese certamen y ya con Cesar Luis Menotti al mando del combinado nacional, le quitó el puesto nada más y nada menos que a Hugo “El Loco” Gatti, y a fuerza de talento y esfuerzo se convirtió en una pieza insustituible para la Selección Argentina.

El mítico abrazo del alma con Tarantini en el 78.

A pesar de las polémicas alrededor del Mundial de 1978, su impresionante rendimiento fue indiscutible y se consagró como uno de los mejores arqueros de todos los tiempos: fue clave para la obtención del título y su estampa en la final ante Holanda es una postal de valentía y coraje debajo de los tres palos.

 

En 1982 disputó el Mundial de España y a pesar de haber quedado afuera en segunda ronda, y de que el fracaso mundialista terminó el ciclo de Menotti al mando de la selección, Bilardo decidió mantenerlo.

Al año siguiente, se fue de River y jugó un año en cada equipo las siguientes tres temporadas: del ’83 al 84 en Argentinos Juniors, del 84 al 85 en Flamengo de Brasil –fue campeón de los trofeos Guanabara y Río- y del 85 al 86 en Atlético de Madrid –ganó una Supercopa Española-.

En las eliminatorias para el Mundial de México 1986 fue titular siempre y hasta fue clave en el partido que definía la clasificación, ante Perú, pero Bilardo decidió colgarlo y allí terminó su carrera con la Albiceleste. Fueron 54 partidos los que disputó, entre 1974 y 1985, en los que recibió apenas 49 goles.

Fillol en la histórica noche ante River por Supercopa.

A pesar del fin de esa etapa, a los 36 años el Pato volvió al club que lo hizo grande en el fútbol nacional. Racing estaba atravesando un buen momento en lo futbolístico, con un DT nacido en el club, que mantenía protagonista a un equipo forjado por guapos y talentosos que se habían bancado el ascenso y ahora tenían hambre de mucho más.

El paso más importante de Fillol por Racing ocurrió en la etapa más madura de su carrera, y fue un símbolo de los gloriosos años del Coco Basile al mando del Primer Grande. El Pato tuvo grandes rendimientos en esos años, al igual que sus inolvidables compañeros: Miguel Ángel Colombatti, “Camote” Acuña, Walter Fernández, el uruguayo Rubén Paz, Gustavo Costas, Néstor Fabbri, entre muchos otros.

Luego de haber tenido un buen 1987, en el que se peleó el campeonato hasta el final, los laureles no se harían esperar mucho más: la consagración de tan enorme y bravo equipo se dio con la obtención de la Supercopa 1988.

En este certamen, tan corto como complicado, el Pato fue figura indiscutida del equipo junto a Walter Fernández –a gusto de quien escribe, el jugador más importante de esa conquista-.

Fillol dando la vuelta olímpica con Fabbri, Costas y Ludueña.

Increíbles fueron sus atajadas ante River Plate, especialmente en el Monumental, tapándole dos mano a mano complicadísimos a un muy picante y veloz Claudio Paul Caniggia, además de su labor en las finales.

Racing la tuvo muy difícil ante el Cruzeiro tanto en el Cilindro como en el Mineirao, pero apoyándose siempre en la seguridad que el mejor arquero de la historia –al menos en colores- que vio este país, la Academia pudo ser campeón después de 21 años sin títulos internacionales, y curiosamente fue esa su última conquista en ese sentido.

El Pato junto a Maradona en una gira de Racing en el 88.

Al año siguiente y a los casi 40 años, Fillol no pudo retirarse en Racing por lo que se fue a Vélez donde jugó su último torneo. En el último partido de su carrera y en un acto de increíble profesionalismo, ante River Plate le tapó un penal al “Polilla” Da Silva y le arruinó el campeonato al club que más gloria le brindó.

Pero ese penal fue a la cuenta personal del Pato: fue su penal atajado número 26, con lo que igualó la marca del Loco Gatti, y le puso punto final a su carrera como futbolista. 825 partidos disputó como profesional, desde los 18 hasta los 40 años de edad al servicio de los tres palos, siempre como figura descollante.

Los años fueron pasando y el Pato eligió dedicarse a entrenar y formar arqueros. Tuvo una sola experiencia como entrenador de primera división y fue justamente en el club que primero le dio alas para convertirse en un grande: Racing, en 2004.

Tuvo un buen paso pero breve: fueron solo treinta partidos al mando del primer equipo; presentó la renuncia y decidió no dirigir más. Trabajó en el Seleccionado Nacional, en divisiones inferiores posteriormente y también en River.

El paso del Pato por Racing es una huella brillante en un equipo tan glorioso como la Academia. En especial porque no se trató del tránsito de un arquero que brilló con la Selección, sino de un arquero que se hizo grande en el arco racinguista y que de grande, le devolvió esa gloria con un título internacional.

Eternamente agradecidos quedarán siempre los hinchas de Racing con el dueño de ese mítico buzo verde con la histórica mancha de alcohol sobre el costado izquierdo; aquel que le dio alegrías a todo aquello que tuviera los colores celeste y blanco en su esencia.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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