“Mostaza” Merlo, el hombre de la estatua

En un día como hoy pero hace 68 años nació una leyenda de nuestro glorioso Racing Club: Reinaldo Carlos Merlo. “Mostaza”, el entrenador que enterró para siempre los 35 años sin títulos locales, es un sinónimo de la Academia. De bombero a mito heroico, el creador del “Paso a Paso” arrancó con poco crédito y a puro trabajo se constituyó eterno en la historia grande de Racing: salvó al equipo de la promoción y fue campeón en un torneo imposible de olvidar. El DT de la espalda infinita, el de la voz carraspeada y los cuernitos, ese es nuestro querido Mostaza: el hombre de la estatua.

El equipo de Mostaza ante River: Loeschbor, Maciel, Úbeda, Campagnuolo, Barros Schelotto; Bedoya, Vitali, Estévez, Arano, Milito y Bastía

Reinaldo Carlos Merlo nació el 20 de mayo de 1950 en el porteño barrio de La Paternal. Hijo de Selva y Francisco, se formó como volante central en River Plate donde jugó los 15 años de su carrera profesional. Apodado “Mostaza” por su color de pelo, fue campeón en el Nacional ‘75 –luego de que River estuviera 18 años sin títulos- y obtuvo otros dos Nacionales más (’79 y ’81) y tres Metropolitanos (’77,’79 y ’80).

Debutó como DT en 1986 en Los Andes y tras un paso por River, se incorporó al cuerpo técnico de la Selección Nacional que dirigía su gran amigo e ídolo de la Academia Alfio Basile. Allí dirigió sin brillo la Sub-20 que quedó afuera en la primera ronda del Mundial de Portugal 1991, y por un escándalo de los jugadores en el partido ante el local, Argentina fue sancionada y se le prohibió disputar el Mundial de Australia ‘93.

Ayudante de Coco en el Mundial de Estados Unidos 1994, dirigió en el exterior al Bolivar (Bolivia), Temuco (Chile), Atl. Medellín (Colombia) y Barcelona (Ecuador). En nuestro país, entrenó en el ascenso a Chacarita, Aldosivi, Douglas Haig y Colón, mientras que en Primera fue DT de Belgrano, Estudiantes de la Plata y nuevamente River Plate.

Dos mitos vivientes: un muy joven Diego Alberto Milito con Mostaza Merlo, el DT que le dio la confianza para jugar en Primera.

Junto al arribo de Fernando Marín y Blanquiceleste S. A. en el futbol de Racing, Mostaza debutó en la Academia en el Clausura 2001 con derrota por 1 a 0 ante Talleres en el Cilindro. Tras algunos traspiés, logró enderezar la nave y sacó 29 puntos que salvaron a Racing de la promoción con muchos pibes en cancha, entre ellos el futuro prócer, Diego Alberto Milito, quien marcó el gol de la salvación ante Colón en Santa Fe.

Para la pretemporada del Apertura 2001, Mostaza renovó el plantel con buenos refuerzos pedidos por él y comenzó a cranear el equipo que luego haría historia. Martín Vitali le contó a Racingmaníacos que Merlo tuvo que reescribir sus planes a poco de empezar el campeonato: “Mostaza cambia la táctica una semana antes de vengan algunos refuerzos y del inicio del torneo. Inicialmente iba a jugar con un 4-3-1-2 o un 4-4-2, pero hicimos una práctica en cancha de Español contra Huracán y salió todo mal. Ahí decidió armar la línea de 5. Entrenamos una semana más o menos la parte defensiva y salió”.

Oscilando entre lo defensivo y lo sacrificado, Merlo armó a Racing de atrás para adelante e ilusionó a todo el pueblo racinguista con un arranque inesperado: ganó la primera fecha ante Argentinos Jrs., empató épicamente el clásico como visitante con un testazo inolvidable de Loeschbor y venció a rivales complicados tanto de visitante como de local.

Perdió el invicto recién en el décimo match, contra el Boca de Bianchi entre semana lo cual desgastó al equipo para el partido siguiente ante Estudiantes, cuando al término del primer tiempo, la Academia perdía 2 a 0. Mostaza calmó al equipo y sus dirigidos le respondieron con carácter: Racing dio vuelta el partido 3 a 2 con dos goles del “Chanchi” y uno de Chatruc y siguió en la pelea por el título.

Merlo ya había roto una sequía importante antes y estaba confiado en que podría vencer el maleficio en la Academia. Pero prefirió ser públicamente cauto y fue así que surgió el “Paso a Paso”, un mantra racinguista para tomarse en serio la gradualidad y saber medir el progreso.

Mostaza construyó al equipo con la seguridad de Campagnuolo en el arco y un esquema que se afianzó con los partidos. Una defensa de tres hombres para atacar y cinco para defender: en la zaga estaban Gabriel Loeschbor -fundamental tanto en defensa como en ataque-, el capitán Claudio Úbeda y el siempre cumplidor y polifuncional Francisco Maciel. Por los costados, estaban Martín Vitali –recién llegado de la vereda de enfrente- y Gerardo Bedoya –el mejor en su puesto hasta el momento.

El mediocampo lo conformaban el incasable volante tapón de la cantera, Adrián Bastía, Gustavo Barros Schelotto y “Pepe” Chatruc, quien oscilaba entre enganche y volante derecho en el retroceso del equipo. Mientras que la delantera alternaba entre Milito y el “Rafa” Maceratesi para acompañar a la única fija de arriba: el goleador del equipo, Maximiliano Estévez.

Goleada ante Gimnasia, empate adrenalínico ante Chicago y victoria ante Chacarita en casa fueron la antesala del definitorio choque ante el rival directo en la lucha por el título, su querido River. El encuentro fue de dimensiones épicas y se resolvió en empate con aquel milagroso zurdazo del colombiano Bedoya, con Mostaza pidiendo la hora y levantando a la gente con el aviso de que no había que despertarse de ningún sueño: Racing podía volver a ser campeón.

Un empate con polémicas a favor del local Banfield enervó a Mostaza, que en un ardid de confianza destruyó el “Paso a paso” y finalmente fue asertivo a dos fechas del final del torneo: “Vamos a salir campeones”, sentenció y se cargó con autoridad una mochila de 35 años de penas al hombro.

Luego de la sufrida victoria ante Lanús en la anteúltima, el país estalló con la renuncia del Presidente De la Rúa y se desató una de las crisis más difíciles de la historia de nuestro país. Pero Racing no se iba a quedar con las ganas de ser campeón y jugó el encuentro definitivo el 27 de diciembre de 2001, en Liniers ante Vélez Sarsfield.

Cuarenta mil hinchas colmaron ansiosos el Cilindro para ver el partido en pantalla gigante mientras que otra multitud reventó las tribunas del Amalfitani para vivir la final. Racing salió nervioso y jugó mal, pero abrió el marcador gracias a un imborrable cabezazo de Loeschbor y se puso 1 a 0. La presión era demasiada y el final desconcertó a los hinchas con el empate del curiosamente número 35, de apellido Chirumbolo. A los pocos minutos, Brazenas pitó el final y un grito sagrado de desahogo envolvió al pueblo de Racing que gritó campeón después de 35 años.

El artífice del título: Mostaza Merlo.

“Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, del ‘Paso a paso’, todos la vuelta vamos a dar” se hizo himno con Mostaza a cuestas entre hinchas y jugadores inundados de emoción: Merlo había entrado en la historia más gloriosa de la Academia. Una estatua en su honor lo erigió como milagro viviente del pueblo racinguista y fue un camino de ida: “Racing me dio la gloria como entrenador”, suele recordar emocionado. Fue el único título de su carrera como DT, que lamentablemente no pudo repetir en el Clausura siguiente luego de despedirse del título ante River en el Monumental.

Tuvo dos ciclos más en Racing, de los cuales el primero, en 2006, fue malo y siete años más tarde se dio uno mejor, el segundo y final. El último espiral autodestructivo de Racing se llevó puesta a media cúpula presidencial y a los técnicos Luis Zubeldía y Carlos Ischia en sólo medio torneo. Era la peor campaña de la historia y el único con la espalda suficiente para bancar una situación tan delicada era Mostaza, que dirigía a Aldosivi.

Inmediatamente asumió en Racing y pudo salvar al equipo del último puesto pero para el torneo siguiente, la dirigencia le falló en los refuerzos y una serie de malos resultados contribuyó a que una parte del plantel jugara en su contra, y finalizó el último capítulo de Mostaza como DT de Racing.

Mostaza acompaña a José en la inauguración de los quinchos en 2017.

Sin memoria de lo que había logrado Merlo, la misma dirigencia que lo trajo, lo echó a poco de finalizar el campeonato. Justo cuando unos meses después se diera el mesiánico regreso de Diego Milito, quien finalmente sacó campeón a la Academia después de 13 años.

El pasado 8 de marzo, Mostaza sufrió un infarto que tuvo a los hinchas de Racing y al mundo futbolero en general en vilo por su estado de salud. Salió de convalecencia casi diez días después con dos stents y el susto dejado atrás, para tranquilidad de los hinchas –sobre todo académicos, que desean la vida eterna de su prócer.

A pesar de todos los momentos, el amor de Racing y su gente por Mostaza es infinito e inquebrantable. Merlo se hizo cargo de la historia de la Academia sin tener un pasado en la institución y se aseguró un futuro eterno en la memoria del hincha. Se convirtió en un símbolo de Racing y para siempre, Mostaza será sinónimo del glorioso Racing Club de Avellaneda.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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