En un día como hoy pero de 1946 nació uno de los mejores laterales izquierdos de la historia del club: Rubén Osvaldo Díaz. “El Panadero” fue una pieza clave de la defensa magnífica que Juan José Pizzuti compuso para la escuadra más ganadora de todos los tiempos de la Academia, el Equipo de José. Formado en el club, como jugador fue campeón de liga, Libertdaores y Copa Intercontinental. Al lado de su amigo Alfio “Coco” Basile desde la conducción técnica, le devolvió la gloria a Racing con obtención de la Supercopa en 1988. 

Hace 72 años nacía en Buenos Aires, Rubén Osvaldo Díaz Figueras. Apodado “Panadero” por el oficio de su familia, este defensor se formó como back central en las divisiones inferiores del club. Llegó a primera a los 19 años, en un partido ante Huracán, el 14 de noviembre de 1965 de la mano de Juan José Pizzuti, quien le vio mejor potencial para la banda que para la cueva, y vaya si tuvo razón.

“Tito”, que agarró a un Racing casi al borde del nocaut, decidió dar un vuelco de timón y renovó al equipo con el material con el que contaba, mayormente jugadores de la cantera. Así fue como, a excepción del capitán Oscar Martín, cambió toda la defensa: decidió incluir a Perfumo y Basile para la zaga central, y reemplazó al ex Argentinos Juniors, Miguel Ángel Vidal primero por Lázaro Bouza y luego por Rubén Díaz.

En esa inolvidable escuadra, el Panadero compartió plantel con Humberto Maschio, el Yaya Rodríguez, Jaime Donald Martinoli, Miguel Ángel Mori, Juan Carlos Rulli y otras geniales glorias.

Al Panadero no le costó para nada asentarse en el puesto y le pagó con creces la apuesta a Pizzuti: se hizo indiscutible tempranamente. En su primera temporada completa en primera, Rubén logró junto a sus compañeros uno de los invictos más prolongados del profesionalismo: 39 partidos sin conocer la derrota.

Y no sólo eso, en noviembre se coronó campeón de liga con la Academia tras cinco años sin títulos, con el gran aporte de haber convertido seis goles para lograr ese campeonato.

Figurita de Rubén Díaz.

Díaz se caracterizaba por ostentar un despliegue físico envidiable, corría, marcaba, jugaba y también atacaba: el Panadero tenía uno de los mejores cabezazos de su tiempo, lo cual le permitía contar un arma más para la ofensiva.

Sin embargo, su fuerte estaba en la defensa, por fuera de lo físico, el Panadero era un defensor altamente temperamental y de una valentía que más de una vez lo llevó a ser expulsado por defender los colores de la Academia sin la pelota.

Con “El Equipo de José” la proeza de la Copa Libertadores llegaría en 1967, en una edición extensísima -20 partidos- de la cual el Panadero fue importante, y compartió en cinco ocasiones su lugar con el uruguayo Nelson “Buche” Chabay, una de ellas en la altura de Bolivia, donde a Díaz le faltaba el aire por su condición de fumador.

En la Copa, el Panadero marcó sólo un tanto, en la goleada por 5 a 2 al Deportivo Independiente de Medellín del “Loco” Corbatta, en el Cilindro.

En esa edición de la Copa, el plantel entero de Racing estuvo al borde de la muerte debido a un desperfecto técnico en un vuelo en Colombia. Perfumo lo recuerda a Díaz en esa en esa ocasión: Yo iba al lado del Panadero Díaz, que lo único que hacía era putear a los dirigentes por hacernos viajar en ese avioncito. Yo le decía que no puteara, que lo iban a sancionar. ‘¡Qué sancionar, si acá nos matamos todos, boludo!’, me gritó”, le contó el Mariscal a “El Gráfico”.

La Academia disputó las finales de la Copa entre el 25 y el 29 de agosto de 1967 ante Nacional de Montevideo y el Panadero jugó de titular ambos partidos. El Equipo de José se quedó con el máximo trofeo internacional después de haber sufrido muchísimo –primero con el avión, y luego con los dos desempates en Chile ante Universitario de Perú por la segunda fase de grupos y después por el de la final. En ese último chico, la Academia venció al Bolso por 2 a 1 con goles de Joao Cardoso y el “Torito” Raffo.

El equipo había sido campeón en 1966 y en 1967 logró las copas Libertadores e Intercontinental.

En noviembre, el Panadero jugó el partido de ida por la Copa Intercontinental y no la pasó bien porque su marca, Jimmy Johnstone, lo desbordó todo el partido. Ese encuentro fue desfavorable para la Academia, que perdió el encuentro por 1 a 0 en Glasgow, Escocia.

Debido a ese rendimiento, “Tito” prefirió ponerlo al “Buche” Chabay y el uruguayo jugó el partido de vuelta y el desempate. Éste último se dio el 4 de noviembre de 1967 y fue el histórico día en el que Racing y Argentina conquistaron al mundo con aquel increíble golazo del “Chango” Cárdenas.

El Panadero jugó varios años más en la Academia y fue referente: fue de los últimos miembros del Equipo de José en abandonar el barco.

Se fue a San Lorenzo en 1973, dejando como saldo 246 partidos jugados, 18 goles, un título de liga y dos internacionales –los de mayor envergadura para esta gloriosa institución del sur del conurbano bonaerense.

“Toto” Lorenzo se lo llevó al Atlético Madrid en 1974 y entró para siempre en la historia del club colchonero con muchísimos logros, junto a sus compatriotas Rubén “Ratón” Ayala e Iselín Ovejero.

Primero fue subcampeón de Europa en 1974 y le tocó en ese certamen perder la final contra el Bayern Munich que tenía en sus filas a la selección entera de Alemania Federal que ese mismo año en julio sería campeón mundial. Pero en semis le volvió a tocar enfrentarse al Celtic de Glasgow, como con la Academia.

Y otra vez le tocó marcar a Johnstone, que lo volvió loco durante un rato, hasta que el Panadero le mostró los dientes, y con el alma de potrero y la picardía de estos lares, logró anularlo. El Colchonero venció por 2 a 0 en un partido épico que los medios españoles llamaron “La Batalla de Glasgow” en claro intertexto con “La Batalla de Montevideo”, aquella que el Panadero no pudo jugar.

Al Panadero no se le dio la Copa de Europa, pero sí la Intercontinental y nada más ni nada menos que contra el eterno rival del club de su corazón. La Copa se jugó en 1975 y el rojo venció de local por 1 a 0 con gol de Balbuena, pero en el Vicente Calderón fue derrotado con superioridad por el equipo del Panadero por 2 a 0. Díaz levantó por segunda vez la Copa que ocho años atrás, en el impresionante inicio de su carrera como profesional supo alzar.

El Panadero se despidió del Aleti en 1977 y vino a retirarse al club de sus amores, la Academia Racing Club. Jugó un año en el que fue el emblema y referente de un equipo que venía de capa caída desde hacía algunos años, pero marcó a jugadores como Juan Barbas, otro querido jugador salido de la cantera de nuestro club.

La mano derecha del Coco Basile

El Panadero en los 90’s junto al Coco.

Se retiró en 1978 y volvió al fútbol recién siete años más tarde como ayudante de Ramón Cabrero en Sportivo Italiano, hasta que un par de años más tarde se sumó al equipo técnico de su amigo y compañero de la pelota, Alfio Basile.

Al lado del “Coco”, el Panadero aplicó los conceptos que en su exitosísima carrera aprendió y Basile encontró un ladero del que jamás se desprendería. Con ellos al mando de la dirección técnica, Racing nunca dejó de ser protagonista: peleó el campeonato en 1987, ganó la Supercopa 1988 después de 21 años sin títulos, ganó la Supercopa Interamericana y clasificó a la Copa Libertadores 1989.

Además de esos logros, mantuvieron a la Academia siempre en la punta y tuvieron la desdicha de ser perjudicados por un incidente ficcional construido por Boca Juniors para perjudicar a la Academia, que en esa época era una máquina con jugadores como Rubén Paz, Walter Fernández, Miguel Ángel Colombatti, el Pato Fillol, entre otras bestias.

Volvió a estar en la Academia en los siguientes ciclos del Coco: el de los noventa que lo llevó a Racing a semifinales de Copa Libertadores en 1997 y el último en 2012, en el que incorporaron al cuerpo técnico a dos exdirigidos por ellos en esa copa: Claudio Úbeda y “Nacho” González.

Al lado del Coco también estuvo en el seleccionado Nacional donde ganó los últimos dos títulos de Argentina –las Copas América de 1991 y 1993-, y también en Boca Juniors, donde tuvieron muchísimo éxito con dos campeonatos de liga, una Copa Sudamericana y dos Recopas Sudamericanas.

Díaz en el festejo por los 50 años de la Copa Intercontinental 1967.

El Panadero es un estandarte del club, un hombre de la casa que siempre estuvo por Racing y para Racing. Los merecidos homenajes del año pasado con el bautismo de la puerta 3 del Cilindro bajo su nombre y el festejo por el cincuentenario de la Copa del Mundo 1967 dan cuenta de sus hazañas con estos colores.

El Panadero es de esos ídolos que nunca se olvidan, de esos que dejan todo por la camiseta y que el verdadero hincha de Racing sabe que siempre lo harán

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