En un día como hoy pero de 1923, nació uno de los más importantes delanteros de la historia de la Academia: Norberto Doroteo Méndez. Mejor conocido como “Tucho”, Méndez fue la estrella más brillante del equipo que de la mano de Guillermo Stábile ganó el tricampeonato de 1949, 1950 y 1951. Crack absoluto de la hinchada racinguista, Tucho tenía el corazón partido entre Huracán, el club de su barrio, y el Primer Grande de la Argentina: “Huracán fue mi novia. Racing, mi mujer y la Selección mi amante” solía definirse Méndez, que con Argentina también ostenta el record de máximo goleador histórico de la Copa América con 17 tantos.

 

El 5 de enero de 1923, Rosa Villarruel y Doroteo Méndez tuvieron a su primer hijo: un varón al que llamaron Norberto Doroteo. Nacido en la intersección de Grito de Ascencio y Atuel, fue apodado “Tucho” en honor a un muy querido vecino del barrio, de apellido Santucho, fallecido ese mismo día.

Criado entre Pompeya y Parque de los Patricios, este joven arrabalero se pasó su infancia jugando a la pelota en el club Miriñaque, además de desplegar su talento por los potreros del sur de la ciudad.

Llegó a Huracán a la tempranísima edad de once años a través del cazatalentos José Carrero y ya sus dieciocho se dio su debut en Primera. Fue un 13 de abril de 1941 el día en el que Tucho cumplió sueños por partida triple: vestir los colores del club de su barrio, compartir cancha con su ídolo Herminio Masantonio y marcar en su estreno en Primera División –marcó el último de los cuatro goles con los que el Globo despachó a Lanús.

En Parque de los Patricios, fue tricampeón de copas nacionales, dos Escobar (1942 y 1943) y una Competencia (1944). También fue compañero del máximo ídolo del Real Madrid, Alfredo Di Stéfano, quien señaló a Méndez como una gran inspiración.

Su descollante rendimiento llevó a que el por entonces entrenador de la Selección Argentina, Guillermo Stábile, lo convocara para que represente al país en varias ediciones de la Copa América. Tucho aún hoy sostiene el récord de máximo goleador de la historia de este certamen sudamericano, con 17 tantos.

Fue tricampeón en las ediciones de 1945 –fue el goleador del certamen en esa ocasión–, 1946 y 1947. Evidentemente ser tricampeón con una casaca a bastones albicelestes formaba parte del destino del arrabalero entreala.

Su genial desempeño en las Copas América convenció a Stábile –que también dirigía a Racing– de llevarlo a su equipo. Sucedía que la Academia atravesaba su primera sequía de campeonatos de liga: el fútbol se había hecho profesional hacía ya más de quince años y la Academia no daba la vuelta desde 1925, aún con el amateurismo.

Por lo tanto, el club rompió el chanchito e hizo una operación sin precedentes con Huracán: llegaron Tucho Méndez, Juan Carlos Salvini y Llamil Simes llegaron a cambio de cinco jugadores (Ricardo, Uzal, Filgueiras, Aguirre y Caserio).

En la Academia se hizo ídolo pronto. No sólo su forma de audaz y vistosa de jugar enamoraba a los hinchas sino su porte particular: piernas chuecas que emulaban al ídolo Enrique “Chueco” García, bigotes y un jopo engominado lo pintaban a Méndez como crack hasta fuera de la gramilla.

Pero Tucho siempre tuvo los pies sobre la tierra: “Nunca me creí ídolo. Si bien pude haber tenido preponderancia dentro de una cancha, siempre me halagó más una palabra de cariño de parte de la gente, que me elevaran a un sitio al que, considero, no pertenezco”, solía decir el entreala derecho que cuando se mudó de Parque Patricios a Avellaneda lo tuvo que hacer de madrugada para que los hinchas quemeros no se enojaran con él.

Al año de jugar en la Academia estuvo muy cerca del sueño del campeonato pero una huelga de jugadores de la que participó y hasta alentó –fue el cofundador de lo que luego sería Futbolistas Argentinos Agremiados–, alejó al equipo de la punta y hubo que postergar la hazaña.

Al año siguiente, la huelga aparejó un éxodo de jugadores de gran categoría y muchos equipos se fueron desmantelando, pero no fue el caso de Racing y eso le resultó una gran ventaja.

Por influencia del Ministro de Hacienda del gobierno peronista, Ramón Cereijo, reconocido hincha de Racing, se sostuvo el plantel altamente competitivo y de jerarquía y la pelea por el título se hizo realidad.

Racing arrasó durante tres campeonatos consecutivos con todo: rompió la mala racha de 24 años y se quedó con los títulos de 1949, 1950 y 1951 en los que Tucho aportó gambetas y goles: 14 tantos en 1949 y 12 en 1950, mientras que en 1951 las lesiones no le permitieron desplegar su técnica tanto como él lo hubiera deseado.

“Salvini, Simes, Bravo, Méndez y Sued” sale de memoria a la hora de recitar esa delantera tremenda con la que la Academia ganó el primer tricampeonato de la historia del profesionalismo. Después fue Boyé por Salvini, y luego Ameal por el propio Tucho, pero en esencia, el equipo fue el mismo: hasta fue subcampeón en 1952.

El flagelo de las lesiones hizo que Tucho dejara Racing en 1954 y el legado que dejó fue increíble: tres títulos profesionales de liga –marca que solo ese plantel ostenta en la historia de la Academia–, 48 goles en 129 partidos y una relación de amor con los hinchas que aún hoy perdura. Tucho solía definir su carrera con la frase: “Huracán fue mi novia. Racing, mi mujer y la Selección mi amante”.

Tuvo un paso breve por Tigre y se retiró en su primera casa, la Quema, el 7 de diciembre de 1958 con la genial particularidad de haber marcado tanto en su debut como jugador como en su despedida: fue autor de uno de los goles de descuento del Globo en la derrota ante San Lorenzo por 4 a 2 en cancha de Ferro.

. Tucho fue un emblema para el fútbol argentino entero y para nuestra gloriosa Academia. Pero también para la porteñidad: era tanguero y bailarín, además de ser amigo de Aníbal Troilo y compartir sus andanzas en los cabarets. En sus últimos años, la senilidad lo alejó de Olga, su esposa y compañera eterna, y la vida se lo llevó a los 75 años, el 22 de junio de 1998. Pero Tucho es de esos personajes gloriosos que nunca mueren, de los tiempos en los que el fútbol era un arte, y su huella será eternamente imborrable en la memoria racinguista.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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