En un día como hoy nació uno de los delanteros clave del “Equipo de José”, Juan José Rodríguez. El “Yaya” fue titular en el elenco que de la mano de “Tito” Pizzuti ganó el campeonato de 1966, y formó parte del plantel que ganó las copas Libertadores e Intercontinental el año siguiente. El entreala izquierdo de los años mozos de la Academia vistió nuestros colores en 104 oportunidades y marcó en 38 ocasiones. Un grato recuerdo para la memoria racinguista.

 

El primero de enero de 1937 nació en la localidad entrerriana de Galarza, Juan José Rodríguez. Formado inicialmente en el local club “Habana”, sus actuaciones lo llevaron a que concluyera su periplo hacia el profesionalismo en las divisiones inferiores de Boca Juniors. Allí debutó en primera y formó parte del plantel campeón de 1962, pero no disputó encuentros. De paso errático al comienzo, le costó encontrar su lugar en el club de la ribera, razón por la cual emigró por varios años a préstamo a otros clubes: primero por Nacional de Montevideo y luego a Huracán, donde le fue bien –marcó 10 goles en 25 partidos.

A su regreso a Boca Juniors, fue parte de una transferencia trueque entre la Academia y su club de origen, en la que el Yaya fue moneda de cambio para que Cesar Luis Menotti pase a Boca. Ya en 1965, Rodríguez se hizo de un lugar con Pizzuti en el banco. Formó parte importante del equipo que alcanzó los 39 partidos invictos, record que duró más de treinta años en ser igualado.

De gran destreza y velocidad, el Yaya –casi siempre con la “10” en la espalda- se convirtió en una pieza clave del ataque de Racing, ganando espacios por el flanco izquierdo de la ofensiva racinguista. Junto a Jaime Donald Martinoli y a Juan Carlos “El Chango” Cárdenas, el Yaya era parte de una delantera letal que con poco nombre y mucho fútbol entró en la historia grande del Racing Club de Avellaneda. Entre los tres sumaron 41 de los 70 goles que marcó el “Equipo de José” que en 1966 ganó el campeonato de liga y cortó cinco años de no dar la vuelta.

Por su parte, el Yaya aportó dieciséis goles a esa conquista, y una curiosa cábala a aquel mítico plantel: antes de cada partido, sumándose a las otras tantas cábalas del equipo –como pasar la marcha de Boca Juniors antes de cada partido-, Rodríguez portaba un gabán, que siempre era el mismo, todos los partidos, sin importar si hiciera calor o frío. Créase o no, la mística estuvo, porque el éxito del Racing de los sesenta es aún hoy recuerdo fresco en la memoria del club.

Al año siguiente, el elenco de Pizzuti disputó la Copa Libertadores, un certamen muy distinto al actual. Competían 19 equipos, y a la Academia le tocó jugar en veinte ocasiones para obtener el título. El Yaya jugó quince partidos y marcó en seis oportunidades, a pesar de comenzar a quedar relativamente relegado por nuevos delanteros como Norberto “El Torito” Raffo y el brasileño Joao Cardoso. Sin embargo, tuvo una gran labor: fue el segundo máximo goleador del equipo junto a Maschio –después de Raffo con 14 tantos- y convirtió ante el DIM colombiano y el Bolívar en la fase de grupos. En la segunda fase le marcó un hattrick al Colo Colo y puso el último tanto en la victoria ante River que le dio el pase a semifinales.

Racing ganó la Libertadores de ese año ante Nacional de Montevideo con Rodríguez ya como suplente pero eso no le quita mérito como campeón. En noviembre de ese mismo año, la Academia disputó la Copa Intercontinental ante el poderoso Celtic escocés y el Yaya fue titular en los tres encuentros. Tuvo actuaciones destacadas, a fuerza de puro empeño y destreza, valores que había recuperado como futbolista desde que Juan José Pizzuti lo recuperó como entreala izquierdo.

En Glasgow, la Academia perdió por uno a cero y en el partido de vuelta, estuvo a punto de perderlo. Tras haberlo comenzado caóticamente por un piedrazo que impactó en la nuca del arquero visitante Simpson, Racing trató de imponerse psicológicamente y por momentos lo logró. Arrancó abajo en el marcador pero se hizo de garra y gloria y lo dio vuelta con goles de Raffo de cabeza en el primer tiempo, y el Chango en el segundo.

En el partido definitorio conocido como “La Batalla de Montevideo”, el Yaya también formó parte de los once titulares y fue quien, tras una jugada combinada con Rulli, le dio el pase al Chango para que sacara ese zapatazo impresionante que se estrelló para siempre en el arco de Fallon. Golazo del Chango y Racing era campeón intercontinental; el Equipo de José alcanzaba la máxima gloria para toda la historia del club y para el fútbol argentino entero hasta la época.

Al año siguiente, el Yaya tuvo una disputa con José Pizzuti y lamentablemente quedó con el pase en su poder. Jugó unos años más en Quilmes y en Estudiantes de Buenos Aires y se retiró. La vida se lo llevó a sus jóvenes 56 años y fue una de las primeras bajas del mítico e inolvidable Equipo de José. Sin dudas, el Yaya fue un jugador inolvidable para la memoria racinguista, como todo ese increíble conjunto comandado por Juan José Pizzuti, un orgullo no sólo para los hinchas de Racing, sino para todo el fútbol argentino entero.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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