En un día como hoy pero hace ya dieciséis años, la Academia desterraba para siempre el maleficio más prolongado de su historia: 35 penosos años sin salir campeón de liga. Mientras Argentina se desangraba en un estallido social entre corralito y represión, el viejo Racing Club le daba una buena al pueblo del fútbol: con un cabezazo agónico, Gabriel Loeschbor desató el desahogo de miles de almas académicas que colmaron dos estadios en el mismo día. El Racing Campeón 2001 es el del inolvidable “Paso a Paso” del hombre que luego se hizo estatua: Reinaldo “Mostaza” Merlo.

El Amalfitani todo de Racing en un día épico.

El 27 de diciembre de 2001, la Academia se consagraba campeón después de 35 años de la mano de Reinaldo Carlos “Mostaza” Merlo y su equipo del “Paso a Paso”.

Una semana antes de dicha efeméride histórica, Fernando De la Rúa declaraba el estado de sitio tras una revuelta social que estalló con la estafa del “Corralito”, la hambruna generalizada y una brutal represión que culminó con 39 argentinos muertos por las fuerzas del Estado. En esa hecatombe, Racing se desenvainaba por recuperar la gloria.

Mucha agua había pasado bajo el puente: el club había sido declarado en quiebra sólo dos años antes tras décadas de saqueo, Tita Mattiussi había fallecido en ese contexto y Racing andaba a la deriva. La suerte quiso que Fernando Marín aportara capital con Blanquiceleste S. A. para renovar el fútbol del club: Mostaza –que había tenido un comienzo algo turbulento- terminó salvando al equipo de la Promoción con muchos chicos del club.

En el receso para el Apertura, Marín le cumplió varios pedidos a Merlo y finalmente el nuevo plantel se fue construyendo: llegaron el arquero Gustavo Campagnuolo; los defensores Gabriel Loeschbor, Francisco Maciel, Martín Vitali, los colombianos Gabriel Bedoya y Alexander Viveros; los volantes Gustavo Barros Schelotto, Cristian Ríos y Leo Torres, junto al delantero Rafael Maceratesi.

Estévez, Milito y Arano: tres pibes del club, campeones.

Completaban ese plantel el capitán Claudio Úbeda, José Manuel Chatruc y Luis Rueda, además de los canteranos Maxi “Chanchi” Estévez, Diego Alberto Milito, Adrián Bastía, Carlos Arano, Javier Lux, Gastón Pezzutti, Gustavo Arce, Diego Loscri y Vicente Principiano, entre otros.

A poco de comenzar la temporada, Merlo metió mano en el equipo. En diálogo con Racingmaníacos, Martín Vitali contó: “Mostaza cambia la táctica una semana antes de llegaran algunos refuerzos y de que empiece el campeonato. Inicialmente iba a jugar con un 4-3-1-2 o un 4-4-2, pero hacemos una práctica en cancha de Español contra Huracán y salía todo mal. Tiene una charla con el ‘Polaco’ Daulte en la que le dice ‘Tenemos que cambiar porque somos un desastre’ y decidió armar la línea de 5. Entrenamos una semana más o menos la parte defensiva y salió”.

Hombres de Merlo

La primera fecha fue un lluvioso viernes 17 de agosto de 2001, en un Cilindro expectante de fútbol. El primer equipo de ese Apertura, con la flamante línea de 5 de estreno fue: Gastón Pezzuti; Martín Vitali, Francisco Maciel, Gabriel Loeschbor, Claudio Úbeda, Carlos Arano; Gustavo Barros Schelotto, Adrián Bastía, Leo Torres; Rafael Maceratesi y Diego Alberto Milito.

A los 14 minutos de partido, el actual entrenador alterno de la reserva, Carlos Arano, sacó un zurdazo que Sanzotti no pudo tapar y el marcador se puso a favor de la Academia. 1 a 0 y el Cilindro explotó. Un empate de Insúa puso las cosas en suspenso, pero Leo Torres pateó y la pelota fue desviada hacia el arco por De Muner: 2 a 1 y debut con victoria.

“Mostaza le dijo al Profe Castilla en un tramo el primer tiempo contra Argentinos Juniors, en la primera fecha: ‘Profe, si jugamos a este ritmo, somos campeones. Te lo firmo ya’”, confesó Vitali sobre aquel comienzo.

Campagnuolo, campeón con San Lorenzo ese mismo año y figura de aquel Racing.

La segunda fecha fue el clásico de Avellaneda, en la Doble Visera. Debutó ese día uno de los mayores valores del equipo de Mostaza: el arquero Gustavo Campagnuolo.

El derbi fue muy peleado, de mucho roce y poco juego: un choque había dejado al central Gabriel Loeschbor con un vendaje extraño en su cabeza y a los 33, Forlán ponía en ventaja al rival.

 

Vitali jugó todos los partidos de aquel Racing campeón, al igual que Maciel.

El ataque de Racing se volvió desprolijo y desesperado en el 2T, buscando a partir de pelota parada. Como buen club de milagros, la Academia quemó las naves y en la última jugada del partido, se hizo la luz. Vitali –que hacía un mes estaba en el Rojo- envió un centro casi desde la mitad de la cancha, y el arquero Rocha salió a cualquier parte. En el punto penal, emergió Loeschbor con su cabeza rota para mandarla al arco rojo y callar al local. La Academia dio una gran muestra de carácter.

Un triunfazo como visitante en Arroyito por uno a cero con un gran gol de Chatruc añadió confianza a la promisoria campaña que sumaba buenos resultados e ilusionaba a todo el público académico: victoria ante Newell’s 2 a 1 en el Cilindro con doblete de Milito, otra más (2 a 0 con goles de Loeschbor y Torres) en el Chateau ante Talleres, parda ante Belgrano como local y regreso a los tres puntos versus Huracán en el Ducó con gol del mellizo Gustavo.

Racing ya era una de las atracciones y sorpresas de un campeonato que tenía equipos que eran casi selecciones, como Boca Juniors –campeón de la Libertadores con Carlos Bianchi-, River Plate –con Ramón Díaz como DT y jugadores de elite como Esteban Cambiasso, Ariel Ortega, Andrés D’Alessandro y hasta nuestro actual DT-, o San Lorenzo de Almagro, el campeón vigente.

Ese último equipo era el rival de la fecha 8; la prueba de fuego para dar cuenta si ese nuevo Racing de Mostaza era una ilusión o una realidad. Y así de difícil pareció, al menos en el comienzo.

Racing recibió al Casla en un Cilindro explotado de gente y jugó el partido a cara de perro. Lucas Pusineri abrió el marcador para los cuervos y bajo una lluvia torrencial, parecía que se le venía la noche a Racing hasta que Loeschbor empató sobre la hora del primer tiempo.

El segundo tiempo fue otra historia: nuestro querido Chino Saja fue escenografía en las postales de la goleada racinguista. Un intratable “Chanchi” Estévez demostró que era el jugador clave en el ataque; él puso al frente a la Academia y aumentaron el marcador Maceratesi y Bedoya –con una exquisita emboquillada.

“Paso a Paso”

El capitán Úbeda lidera el saludo para la gente de Racing.

El Racing de Merlo se constituyó como candidato a pelear el torneo, a fuerza de fútbol, garra y convencimiento. No contaba con las joyas de la corona, sino con jugadores valientes y de gran talento, además de un cuerpo técnico a la altura y con todo por ganar.

Merlo tuvo el buen tino de cambiar a tiempo, y confió en un esquema porque tenía los jugadores para que funcionara. Más allá del nivel superlativo de Campagnuolo –fue citado en octubre por Marcelo Bielsa para ser suplente ante Paraguay por eliminatorias-, Mostaza había solucionado un problema de años en Racing: la defensa.

Los laterales eran fundamentales para su falso 3-5-2: tanto Vitali como Bedoya eran carrileros con oficio defensivo y destreza en el ataque por las bandas, a la vez que eran opción para la salida y el pase largo.

Los centrales cumplían con creces, tanto Loeschbor con los goles –marcó cuatro en total- como Úbeda desde el liderazgo y Maciel desde su cualidad de todoterreno –Panchito hacía las veces de central como de volante tapón y siempre dejaba todo.

Bastía, el dueño del mediocampo de Mostaza.

Bastía era la reencarnación de Mostaza Merlo y Gustavo aportaba mucho orden y experiencia a un mediocampo que tenía más suelto a José Chatruc, que se repartía entre un enganche y un volante todoterreno.

Arriba, la fija era el “Chanchi” y quien lo acompañara, la incógnita. Milito era sólo una porción muy pequeña del crack que fue después, pero era también una muestra de lo que es él: dedicación, trabajo y talento.

El Rafa Maceratesi siempre rindió.

Diego Alberto tenía la mira fallada en esos tiempos, pero Mostaza confió en su potencial y dejó afuera a Luis Rueda para jugársela por el entonces “11”. Sin embargo, el romance con el gol de Maceratesi hacía que fuera él el primer cambio.

Por encima de esos jugadores estaba el máximo responsable de aquel equipo: Reinaldo Carlos Merlo. “Mostaza” tenía su segunda chance en un equipo grande y estaba convencido de que Racing podía salir campeón; era mucha la presión pero siempre tuvo espalda. Cuando los resultados eran positivos, los periodistas hicieron inevitable la pregunta al DT por si se podía lograr el título y Merlo siempre eligió ser prudente: “Paso a paso”, decía. Sin dudas, la gradualidad era el camino.

Chatruc, un jugador clave.

Un gran partido en Santa Fe ante Unión culminó en victoria para la Acadé que no paraba y en la décima también limpiaba a Colón en el Cilindro por 2 a 1. Por la fecha 11, el equipo de Merlo jugó un partido de campeón ante Estudiantes en La Plata cuando dio vuelta un 0-2 en un partido épico –lluvioso y con un tren cargado de hinchas de Racing-, con goles de Estévez (x2) y Chatruc.

Hasta entonces Racing se mantuvo invicto, pero se adelantó el partido contra Boca y la Academia perdió el invicto, tras un enorme desgaste en tierras pinchas. Fue 3 a 1 en la Bombonera, pero tal tropezón no fue caída.

Un Racing asesino fulminó a Gimnasia La Plata en el Cilindro por 4 a 1 y luego empató en cancha de Vélez 4 a 4 ante Nueva Chicago en un partido histórico. Una muy austera victoria como local ante Chacarita por 1 a 0 precedió a una ansiedad creciente de los hinchas de la Acadé, que palpitaban el clásico final ante River en la #16.

Gerardo Bedoya en el grito más importante hasta el momento.

Aquel partido fue de película: Racing jugó a matar o morir y River era muy superior. Llegaron al gol por Cambiasso sobre el final del 1T, mientras en el 2T el arco se le cerraba al elenco de Merlo. Sin embargo, a cuatro minutos del final llegó el milagro: Vitali tira un centro fuerte al arco que rechaza Comizzo y la pelota queda boyando hasta que Bedoya remató con todas sus fuerzas y la mandó a las redes. El Cilindro explotó de alegría mientras Mostaza pedía la hora, hasta que terminó y el desahogo inundó todo: Racing tenía un pie en lo más alto.

Un empate polémico ante Banfield con dos goles mal anulados a Estévez molestó a Merlo, quien en un arresto de confianza sacó chapa de ídolo: “Se acabó el paso a paso. Creo a muerte en los jugadores y tuve una charla con ellos después del partido. Sé que vamos a salir campeones. No tengo ninguna duda. Este equipo tiene orgullo”.

Racing, el milagro argentino

La apuesta de Mostaza era fortísima y había que demostrar. La anteúltima fecha era fundamental para depender sólo de nosotros, y el rival era Lanús en el Cilindro. La presión ya era altísima, sin embargo, Racing cumplió y venció 1 a 0 al granate con un gol de carambola de Maceratesi. Con ese triunfo, el título cada vez estaba más cerca.

Pero no todo era color de rosa: 19 y 20 de diciembre fueron dos días horribles para la Argentina. El desastre económico y político de la Alianza del Presidente De la Rúa se había hecho sangre de pobre en las calles y fueron 39 los muertos durante el Estado de Sitio. La última fecha se debía jugar el 21 y por el caos se debió posponer.

Entre todo esa hecatombe, los argentinos de Racing necesitaban un milagro, algo para finalizar bien un año horrible. La presión de los hinchas hizo que el partido final no se postergara para 2002 y entonces el 27 de diciembre, en un día húmedo y caluroso, la Academia iba por su milagro.

35 años de pesadumbre se posaban sobre Merlo: “Mostaza nos contaba que la presión que vivíamos nosotros, él no la había vivido ni con los 18 años sin títulos en River. ‘Esto es presión, no aquello’”, le contó Vitali a Racingmaníacos.

El Cilindro, el otro estadio que se llenó para el título.

Para la última fecha ante Vélez, los hinchas agotaron las entradas para el Amalfitani cinco días antes del partido. Así entonces, el Cilindro fue abierto y los racinguistas que no podían ir a Liniers, lo vivieron en Avellaneda. De ese modo, se dio algo único: Racing, el primer club del mundo en llenar dos canchas el mismo día.

En un clima colmado de ansiedad y gente, los once de la foto para la final fueron: Campagnuolo; Maciel, Úbeda, Loeschbor; Vitali, Barros Schelotto, Bastía, Bedoya; Chatruc; Estévez y Maceratesi.

Loeschbor haciendo historia.

Racing jugó espantoso y se notaba que era muy difícil lo que estaba pasando. Pero en el minuto 9 del ST y tras un centro de Vitali, se dio el tan ansiado milagro: Loeschbor en posición adelantada alcanzó a cabecear la pelota y golazo de campeón. El estallido de alegría fue enorme, fue un gigantesco desahogo: Racing ganaba y era campeón tras 35 sufridísimos años.

A medida que los minutos pasaban, el temor a perder lo cosechado se hizo tan grande que una distracción en el fondo a minutos del final puso suspenso: Mariano Chirumbolo, de curioso dorsal “35”, aprovechó una mala respuesta de Vitali y marcó el empate.

Sin embargo, no había nada que pudiera hacer cambiar el destino: Racing era campeón. La Academia volvía a la cima del fútbol argentino luego de tres décadas y media, en el medio de un incendio nacional y en un tono milagroso, épico.

El artífice del título: Mostaza Merlo.

La increíble proeza de los hombres de Merlo es un recuerdo gratísimo para los hinchas de Racing. Tan es así que cuando Milito consiguió su segundo título en 2014, se jugó un partido entre los campeones de ambos equipos –finalizó 2 a 2- y fue una fiesta para el pueblo racinguista.

 

Tras el título, Mostaza Merlo se ganó una estatua, el paso a la inmortalidad en vida y el corazón de los hinchas de Racing por siempre, incondicionalmente. Muchas gracias jugadores, gracias por salir campeones, gracias por esa alegría.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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