En un día como hoy pero hace 39 años nacía en Gobernador Crespo, Santa Fe uno de los más queridos volantes centrales que pasó por la Academia: Adrián Jesús Bastía. Hijo de la cantera del club y campeón en 2001, el “Polaco” es uno de los que vivió todas en el club: sufrió las carencias del club en los noventa, vivió la quiebra, dio la vuelta después de 35 años con el club sin títulos de liga, disputó Copa Libertadores y vivió la lucha por el descenso. Con casi 200 partidos en la primera de Racing, Bastía no sólo es uno de los jugadores con más presencias en torneos cortos de las últimas décadas del club, sino que dejó siempre todo por estos colores.

 

Adrián Jesús Bastía nació el 20 de diciembre de 1978 en la localidad santafesina de Gobernador Crespo. Hijo de Rubén y Teresita –encargado de un corralón y cocinera, respectivamente, se acercó a la pelota a partir de un electricista que lo llevó a jugar picados en Barrio Vila a sus cinco años de edad. Criado en la localidad de San Lorenzo, jugó para el club municipal como volante por derecha y como delantero en el local club Remedios de Escalada.

Ya como volante central, se probó sin suerte en Huracán y en Platense hasta que un día fue a parar a Racing y todo cambió. La exhibición fue en el Cilindro y el Polaco quedó pasmado ante el increíble estadio de la Academia: con 17 años, pasó a formar parte de las inferiores del club.

Debutó en Primera el 11 de abril de 1998 en la victoria como local por 2 a 0 ante Ferro. Fue de la mano de Ángel Cappa, quien lo mandó a jugar los últimos diez minutos de partido en los que Bastía se las arregló para ser amonestado y no tocar en ningún momento una pelota.

Al poco tiempo volvió a reserva y quien lo subió nuevamente a primera fue otro hijo de la casa, Gustavo Costas, quien se hizo cargo del equipo junto al “Bocha” Maschio al suceder la quiebra de la institución. Mientras, Bastía vivía debajo de una tribuna, junto con los demás chicos de las inferiores del club que padecían al igual que él las carencias de un abandono institucional de años. A pesar de esas ausencias, una presencia sumó mucho en esos años formativos: la de Elena “Tita” Mattiussi, la madre de Racing. Tita estaba para todos los chicos y Bastía fue siempre muy agradecido a ella. En las vísperas del título de 2001 la recordó: “Cuando vi la cancha así y cómo estaba la gente, me acordé mucho de ella. Tita siempre se sintió presente entre nosotros, sé que nos ayudó mucho en todo esto. Por eso este triunfo se lo dedicamos a ella”, le contó al diario La Nación.

Por aquellos años, Costas dio continuidad e hizo debutar en primera a muchos pibes del club entre los que se destacan además de Bastía: Diego Milito, Carlos Arano, Javier Lux, Maximiliano Estévez, entre otros que luego fueron campeones en 2001.

Con unas muestras enormes de valentía y destreza para la marca pero desproporción a la hora de medir esfuerzos, Bastía fue aprovechando las muestras de confianza de Costas para hacerse un lugar en primera. A pesar de las expulsiones, el esfuerzo demostrado por el Polaco tuvo sus réditos, al poco tiempo se hizo indispensable.

Con la llegada de Reinaldo Merlo, Bastía se terminó de afianzar en primera y elevó su nivel para convertirse en uno de los mejores volantes de la categoría. El Polaco era como una especie de doble de lo que había sido Mostaza en sus épocas de jugador; y esto se terminó de plasmar en el Apertura 2001.

Para ese torneo había llegado Blanquiceleste de la mano de Fernando Marín, y con él, inversiones para el plantel de primera. Llegaron muchos jugadores, varios en el puesto de Bastía, sin embargo, Merlo confiaba en él: “El Polaco es uno de los que tiene que estar. Es importante para el grupo, clave para nuestro esquema de juego. Es mejor de lo que era yo. Evolucionó mucho, me sorprende día a día. Vengo haciendo un examen riguroso con él. Su temperamento es vital, es un jugador que deja todo en la cancha. Como me gusta a mí”, le había dicho Mostaza a Olé en ese año glorioso.

Bastía fue uno de las claves del equipo campeón de Merlo: era el Polaco el centro de ese esquema tan dinámico, junto a Gustavo Barros Schellotto, quien fue fundamental también en ese mediocampo. Sale de memoria el “Paso a Paso” de Mostaza: Campagnuolo; Loeschbor, Úbeda, Maciel; Vitali, Bastía, Barros Schellotto, Bedoya; Chatruc; Estévez y Milito o Maceratesi.

En ese histórico campeonato, Bastía jugó 18 de 19 partidos –sólo no enfrentó a Nueva Chicago (4-4) por tener cinco amarillas. Fue algo inolvidable para Racing: un equipo campeón en un país en llamas con 35 años de angustia a cuestas y a pocos años de haber sido declarado muerto. A la vez, también con una escuadra memorable de jugadores aguerridos, que le ganaron a los mejores y con pibes del club en el plantel: el propio Bastía, Arano, Milito, el “Chanchi” Estévez –goleador de ese equipo-, Gustavo Arce, Javier Lux, Gastón Pezzuti, Diego Loscri, entre otros.

“No creo ser el ídolo de la gente de Racing. Es el equipo el que se lleva todo el mérito. La verdad es que lo que hay que rescatar de este plantel es la entrega, una de las claves para lograr este título. Esto es lo mejor que me pasó en la vida. Personalmente es como que todavía no caí, pero con el transcurrir de los días tomaré más conciencia. Pensé mucho en mi familia cuando daba la vuelta olímpica. Lo soñé muchas veces esto, pero nunca llegué a imaginar que sería algo tan fuerte”, le dijo Bastía a La Nación al día siguiente a concretarse el título.

Al año siguiente debutó internacionalmente en la Copa Sudamericana, y al otro, en la Libertadores. Le tocó ser capitán ya consolidado como referente, y tras diferencias con el gerenciador Marín, emigró a Europa.

Una frustrada venta al Nantes precedió a su traspaso al Espanyol de Barcelona, donde no tuvo la continuidad esperada y partió hacia Rusia. El equipo era el Saturn en el que también jugaban el “Rolfi” Montegro y Antonio Barijho. Allí tuvo minutos pero una sanción de ocho fechas de suspensión por una gresca en un partido –en el que sus compatriotas lo habían saltado a defender- lo dejó con un sabor amargo.

Al poco tiempo regresó –estaba a préstamo en Europa- a la Argentina y Guillermo Rivarola, por entonces DT de la Academia le dijo que sería el quinto volante central en el plantel, por lo que Bastía decidió partir nuevamente. Su nuevo destino fue Estudiantes de la Plata, por pedido de su entrenador Mostaza Merlo.

En 2006 regresó a la Academia que dirigía el flamante Director de Inferiores, Fernando Quiróz, tras un buen paso en el Pincha. A pesar del magro rendimiento del equipo, el Polaco dejó en la retina de muchísimos hinchas académicos aquel golazo a River en el Cilindro, en el que definió exquisitamente –de emboquillada- el último de los goles que culminaron en la victoria por 3 a 1 ante River.

La hecatombe generada por el gerenciador sentenciado por corrupción Fernando De Tomaso hizo que el plantel de primera se cayera a pedazos al nivel que la Academia volvió a pelear el descenso. A las improvisaciones con interinatos como los de Alberto Fanesi y Miguel Micó se le sumaron los fracasos de Merlo y Gustavo Costas y la Academia quedó enroscada nuevamente con la calculadora.

Para mitad del Clausura 2008 asumió Juan Manuel Llop la dirección técnica de un equipo que tras un éxodo masivo de profesionales debió arreglárselas con los juveniles campeones del mundo del año anterior.

Pésimos resultados hicieron que la situación se tensara a niveles preocupantes al tiempo que Bastía se lesionó gravemente el tobillo y no pudo jugar la ultima mitad de campeonato. Sin embargo, los pibes salvaron el bote que parecía hundido y con heroísmo vencieron a Belgrano de Córdoba en dos finales para el infarto por la Promoción 2008.

Tras ese mal momento, Bastía dejó el club y emigró a Grecia. Jugó tres temporadas en el Ásteras Trípoli donde fue noticia por haber sido expulsado tras pegarle una patada en el campo de juego a un hincha que se había metido a invadir.

A su regreso, lamentablemente Racing no fue su destino sino su provincia natal. Alternó temporadas de un nivel superlativo en Atlético de Rafaela y Colón de Santa Fe donde se dio el lujo de pelear un campeonato con el primer equipo y con el segundo ser capitán y hasta atajar un penal.

Anunció por estas semanas que su último partido como profesional será ante su querida Academia en el Cilindro que lo vio nacer y forjarse como un enorme volante central que aún sigue siendo, a sus 39 años.

Adrián Bastía es uno de los grandes valores de la maltrecha cantera racinguista de los noventa y un referente para los hinchas de Racing que se identifican con aquellos jugadores sacrificados. El (ex)melenudo cinco dejó siempre todo por los colores, y siempre que pudo estuvo. Representó a Racing en momentos difíciles y no tanto, pero afortunadamente nos pudo dar un título que todos los hinchas de Racing jamás olvidaremos.

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