En un día como hoy pero de 1958, Racing festejaba su decimotercer título de liga, el cuarto en el profesionalismo. Fue como visitante ante Lanús, en un partido vibrante que Manfredini empató en tres a poco del final. Importantes figuras de la historia grande de la Academia formaron parte de ese inolvidable equipo, cuyo ciclo se cerró tres años más tarde con el título que conquistó Saúl Ongaro como DT: el arquero Osvaldo Negri; el legendario Pedro Dellacha, los brillantes defensores Norberto Anido, Juan Carlos Murúa y Vladislao Cap; y la mejor delantera de la historia del club: Corbatta, Pizzuti, Manfredini, Sosa y Belén. Comandados por José Della Torre –campeón como jugador en dos copas nacionales con el club-, la Academia ganó el torneo con suma facilidad y sacó de pobre al fútbol argentino, que venía de sufrir una eliminación humillante en el Mundial de ese año en Suecia.

 

El 14 de diciembre de 1958, en el estadio de Lanús, el local recibió al líder indiscutido del campeonato, el Racing Club de Avellaneda de José Della Torre. “Pechito” era un hombre de la casa: había ganado como jugador en la Academia las copas Beccar Varela de 1932 y la Competencia de 1933. El del 58 era su segundo ciclo como entrenador de la Academia, dado que había tenido un paso previo como DT en 1954.

Racing no era campeón desde 1951, cuando conquistó el tricampeonato de la mano del “Filtrador”, Guillermo Stábile. Sin embargo, desde entonces y como buen equipo grande, peleaba en los primeros puestos. Para 1957, el año en el que el prócer del club Juan Nelusco Perinetti pasó a la inmortalidad, la Academia reforzó su ya gran plantel con un mix de jugadores de las inferiores del club y otros provenientes de equipos menores.

Las muy buenas apariciones de canteranos como el arquero Osvaldo Negri –quien subió a primera por la venta de Rogelio Domínguez al Real Madrid- y el defensor Juan Carlos Murúa, taparon posibles grietas.

Para suplir la partida del joven crack y campeón con Argentina en el Sudamericano de Lima 1957, Humberto Maschio, llegaron tres delanteros. De Lanús vino Urbano Reynoso; proveniente de Newell’s llegó Raúl “La Bruja” Belén y desde el humilde Deportivo Maipú arribó otro animal del gol: el mendocino Pedro Manfredini.

Ya en el ’58, la Acadé quería quebrar la sequía de siete años sin títulos y arrancó el torneo con el pie derecho: con una victoria por 3 a 0 ante Newell’s en Rosario. Le siguió un traspié (1-2) como local ante Atlanta y luego parda en uno en el clásico ante Independiente, justo antes del parate por el Mundial, por lo que algunas dudas comenzaron a surgir.

Mientras el ídolo Guillermo Stábile no podía torcer el destino ruinoso del seleccionado nacional con el loco Corbatta en sus filas, Racing se preparaba para demostrar que podía más.

El once ideal que manejaba Pechito tenía jugadores de altísima jerarquía: Osvaldo Negri; el legendario Pedro Dellacha –que en el sprint final del campeonato fue reemplazado por Norberto Anido-, Juan Carlos Murúa; Héctor Bono, Vladislao Cap, Julio Gianella; y seguramente la mejor delantera que tuvo el club en su historia: Omar Orestes Corbatta, Juan José Pizzuti, Pedro Manfredini, Rubén “El Marqués” Sosa y Raúl Belén.

Completaban la rotación de jugadores, además del ya mencionado Reynoso, el hábil volante -campeón con la Selección en la Copa América de Chile 1955- Arnaldo “Palito” Balay, y jugadores formados en el club.

Eran canteranos como los delanteros Evaristo Sande y Luis Fortunato Gómez, los volantes Juan José Kellermen y Natalio Sivo, y los defensores Néstor de Vicente y Cosme Sciancalepore.

A partir del empate con los vecinos en la segunda fecha, Racing sostuvo un invicto de diecisiete partidos. Esa ventaja lo consolidó como líder de un torneo al cual el público de fútbol le hizo pagar el fracaso mundialista: cayó rotundamente la venta de entradas y glorias nacionales como Amadeo Carrizo y nuestro ídolo Guillermo Stábile recibieron desaprobaciones funestas. Sin embargo, cuando todos velaban al fútbol nacional, Racing demolía a sus rivales y salvaba del naufragio el orgullo deportivo.

Luego de una derrota por 1-2 como local ante Boca por la fecha 20, la Academia de Della Torre se desquitó goleando a sus siguientes rivales: 4 a 0 a Tigre en Victoria, 5 a 2 a AAAJ en el Cilindro y 4 a 2 a Huracán en el Ducó.

Un triunfo como local ante Rosario Central por 2 a 0 antecedió a una minicrisis de dos derrotas consecutivas ante Central Córdoba de Rosario en el Parque de la Independencia y River en el Monumental.

A su vez, mientras peleaba el campeonato, el equipo de Della Torre daba cátedra en la Copa Suecia, un torneo de carácter nacional en el que la Acadé ganó su zona con holgura y fue finalista.

A sólo tres fechas del final de la liga, Racing venció cómodamente a Gimnasia por 4 a 1 como local y quedó a sólo un punto de la gloria. Debía definir el título como visitante ante Lanús.

Por la fecha 28 y en un día como hoy, Racing salió a la cancha granate a ser campeón con la siguiente formación: Negri; Anido, Murúa; Bono, Cap, Gianella; Corbatta, Pizzuti, Manfredini, Reynoso, Belén. El partido no se le hizo nada fácil al equipo, que arrancó perdiendo y estuvo a muy poco de que se le escapara la tortuga.

A los 22 del primer tiempo, Alfredo Rojas puso el 1 a 0 pero sólo seis minutos más tarde, Manfredini estampó el empate. La parda le duró poco a la Academia y en una ráfaga de cuatro minutos recibió dos goles más del goleador Rojas, en el último cuarto de hora de la primera mitad.

A falta de media hora para terminar el encuentro, Lanús ganaba por 3 a 1. Recién a los 18 del segundo tiempo, Vladislao Cap marcó y achicó la diferencia. A Racing  no se le podía escapar, debía ser su momento. A los ’33 ST, el mendocino Pedro Manfredini puso la parda en tres y sentenció un resultado que tenía más sabor a triunfo que a empate.

El árbitro británico Robert Turner pitó el final del encuentro y la Academia volvió a la gloria: ¡Racing campeón! La Academia otra vez se situaba en la cima del fútbol argentino, y se coronaba campeón de liga por cuarta vez en el profesionalismo y por décimo tercera vez en su historia.

La delantera titular concentró 65 de los 69 goles que marcó el equipo en la temporada, y ese gol de Cap fue el único que no fue marcado por un delantero: el de Cap ante Lanús. Los máximos goleadores del plantel fueron Pedro Manfredini con 19 y el mítico ídolo absoluto, Juan José Pizzuti con 18 –una cantidad tan bestial que fue la misma que sumaban los goles del Marqués Sosa (11) y la Bruja Belén (7) juntos.

El genio de Corbatta también aportó gambetas y magia además de diez goles. Junto al arquero Negri, los defensores Murúa y Cap y sus compañeros titulares de ataque, el Loco se dio el gusto nuevamente de representar a la Argentina en otra Copa América: la primera de 1959, con sede en Buenos Aires. Argentina fue campeona con un gol de José Pizzuti en el empate ante Brasil en la última fecha y se redimió del maleficio del Mundial de Suecia.

El equipo de Pechito Della Torre fue un cuadro magnífico, digno de una época dorada de campañas exitosas: en 1959 Racing fue subcampeón y en 1960 salió cuarto y tuvo la máxima goleada de la historia del club (11 a 3 a Rosario Central).

En 1961, y con el exjugador bicampeón con el club, Saúl Ongaro, como DT, Racing se consagró campeón con varios jugadores que también repitieron corona. Al año siguiente, debutó en la Copa Libertadores de América. Sin lugar a dudas, el 58 no sólo fue un año de campeonato, sino que significó el inicio de otro capítulo de oro en la gloriosa historia del Primer Grande.

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