En un día como hoy pero de 1991, Oreste Osmar Corbatta abandonó este mundo para llevarse sus gambetas y goles hacia el olimpo de los grandes delanteros de todos los tiempos. En la Academia jugó casi ocho años en los que se dio el lujo de entrar en la historia grande del club, como ídolo de la afición con sus jugadas a lo Garrincha y con dos títulos de liga, en 1958 y en 1961. El alcohol se apoderó de su vida y su luz se fue apagando de a poco: pasó de ser uno de los más importantes jugadores argentinos a ser olvidado y terminar viviendo debajo de las tribunas del Cilindro. La vida se lo llevó a los 55 años de edad, pero sin dudas pasó a la inmortalidad como uno de los máximos ídolos de la historia del Racing Club de Avellaneda.

 

Penal disparado por Corbatta, un especialidad del “Loco”.

El 6 de diciembre de 1991 una estrella dejó de alumbrar. Se trató de uno de los mejores wines de toda la historia del fútbol argentino, y probablemente el mejor de todos los tiempos racinguistas: Oreste Osmar Corbatta. Apodado “Cuso” para la familia y amigos, este delantero nació en la localidad boneaerense de Daireaux el 11 de marzo de 1936 y fue el octavo y último hijo de Isabel Fernández y Gerónimo Corbatta. Perdió a su padre a los cinco años de edad, y como consecuencia, la familia debió mudarse a La Plata, donde el mayor de los hermanos tenía trabajo en una fábrica. Es allí donde creció y se enamoró de la redonda, y el amor fue correspondido. Corbatta aprendió a jugar a la pelota, descalzo en los potreros de La Plata. De adolescente, jugó en un club platense llamado Peñarol, en donde empezó a mostrar sus habilidades, y luego pasó por las inferiores de Estudiantes, de donde se fue al poco tiempo. Tras merodear en equipos menores, pasó en 1953 a jugar en Juverlandia de Chascomús, que jugaba la liga regional. Allí mostró sus primeros dotes de habilidad por el extremo derecho de la delantera, haciendo estragos en el campo rival con amagues y gambetas que ninguna defensa podía confrontar.

Llegó a Racing en 1955 y al poco tiempo ya estaba jugando en primera. Debutó el 30 de abril ante Gimnasia y recién al mes siguiente marcó su primer gol, ante Ferrocarril Oeste. Corbatta daba sus primeros pasos en un equipo que hacía cuatro años había sido tricampeón y que no bajaba de los primeros puestos –ese mismo año fue subcampeón, y los dos siguientes terminó tercero.

Los Carasucias de Lima ’57: Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz

En 1957 y con tan solo 21 años, Corbatta ya era una figura y sobre todo, un ídolo de la afición racinguista. Ese año se le dio la chance de disputar la Copa América en Lima, certamen que la Argentina conquistó de pe a pa. El loco formó ahí una de las más recordadas delanteras del Seleccionado Nacional: “Los Carasucias”.

Sale de memoria: Corbatta, (el ídolo racinguista) Humberto Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz. Corbatta aportó dos goles y la magia de sus gambetas –de hecho, de los pocos registros audiovisuales del Loco que hay con la Selección son de ese certamen y con sus jugadas como protagonistas.

Al año siguiente, jugó su único Mundial, Suecia 58. El seleccionado fue dirigido por el tricampeón como DT en Racing y goleador del Mundial 1930 como jugador, Guillermo Stábile. Pero al equipo le fue mal, y quedó afuera en primera ronda. A pesar del fracaso, Corbatta salió ileso de las demoledoras críticas de la prensa y la opinión pública futbolera por los tres goles que marcó, uno ante cada rival.

Corbatta marcando un gol ante Alemania para Argentina, que ese día jugó con la camiseta del Club Malmo.

En el ámbito local, las cosas venían excelentes. El Racing de “Pechito” Della Torre fue mejor que todos en ese campeonato signado por el fracaso mundialista y se quedó con el título, a dos fechas del final. Negri; Anido, Murúa; Bono, Cap, Gianella; Corbatta, el prócer Juan José Pizzuti, Manfredini, Sosa y Belén era el equipo que salía de memoria en aquella estrella del 58.

Al año siguiente, la delantera campeona fue la elegida para ser la titular en la selección para disputar la Copa América de 1959 en Buenos Aires. El combinado nacional se quedó con el trofeo y Corbatta aportó nuevamente su magia. Dos años más tarde, repitió la gloria con la Academia.

El elenco racinguista esta vez comandado por Saúl Ongaro se hizo con el título fácilmente y Corbatta, junto a José Pizzuti sumó otra estrella más a su palmarés: dos títulos de liga en Racing y se ganó el amor eterno de la gente de Racing. Dejó la Academia en 1963, y antes de irse, apodó “Chango” al joven santiagueño Juan Carlos Cárdenas. En una transferencia de 12 millones de pesos, mudó sus gambetas a Boca Juniors.

El equipo campeón de 1958.

En el club de la ribera su carrera se vio afectada por los problemas que aquejaban su vida: Oreste padecía de alcoholismo y eso lo hacía emocionalmente inestable: estuvo casado en cuatro oportunidades y el resto de su historia no mejora. En Boca no brilló como en Racing y jugó poco, aun así fue dos veces campeón y finalista de la Copa Libertadores en 1963.

En 1965 comenzó su estadía en Colombia, donde defendió los colores de Deportivo Independiente Medellín y fue ídolo. No salió campeón, pero aún hoy el recuerdo para con el Arlequín perdura. La vida del ahora volante derecho –porque su condición física se había deteriorado debido al alcohol, se encontraba cada vez más complicada. Se agravó su condición de alcohólico y  los problemas conyugales lo afectaron aún más.

Las casualidades del destino lo enfrentaron a la Academia en la Copa Libertadores de 1967 que Racing ganó.  En Medellín, Orestes erró un penal y en Avellaneda se llevó una gran ovación, la última como jugador en el Cilindro.

Corbatta en el fondo a la izquierda en su partido como local vs. Racing en la Libertadores 1967.

“Como wing derecho todos dicen que fui extraordinario”, dijo en un reportaje televisivo. Y vaya si lo era. Corbatta tenía un regate tremendo, una capacidad para apilar y pasar rivales por la banda derecha que no tenían muchos jugadores en el mundo. Además, era un experto en patear penales, uno de los pocos que erró fue ese ante la Academia.

Los años post Colombia fueron una profundización de esa espiral negativa: Corbatta se alejó de todos y el alcohol lo empezó a consumir. Problemas de dinero lo asediaban constantemente y tras un breve paso por San Telmo, terminó sus días como jugador en clubes muy pequeños del interior, cobrando sólo por la comida y la habitación.

La tristeza se hizo normalidad y una cirrosis afectó su salud. Terminó por mudarse debajo de las tribunas del Cilindro, cerca de Tita, una vieja amiga. Lamentablemente, un cáncer de laringe terminó con su vida a sus 55 años, en un día como hoy de hace 25 años.

Uno de los máximos ídolos de la historia del club.

Corbatta es uno de los máximos ídolos de nuestra institución. Un jugador inolvidable, un crack de aquellos, un jugador que hizo escuela, que alcanzó la gloria en dos oportunidades en el club y que marcó a generaciones enteras. A poco tiempo de su muerte, una parte de la calle Cuyo cambió su nombre a Corbatta y el Loco quedó inmortalizado al lado del Cilindro, el cielo en el que más brilló.

La labor de Corbatta en el club es una muy rica parte de la historia gloriosa del club: el Loco fue “El” wing derecho por antonomasia del fútbol argentino y fue un ídolo que el hincha de Racing no olvida. Corbatta fue ese arlequín de celeste y blanco que llenó de sonrisas a todos los hinchas de la Academia.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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