Racing perdió 1 a 0 con Independiente en el Cilindro de Avellaneda y cerró el año de la peor manera. La derrota en el clásico generó y va a seguir provocando cimbronazos internos muy importantes que pueden finalizar con la renuncia del entrenador.

A este equipo le cuesta y mucho ser protagonista en los encuentros cuando el rival le cede
totalmente la pelota y la iniciativa. Independiente hizo un planteo inteligente porque conocía las limitaciones de este Racing para proponer fútbol e ideas sobre la cancha y por
eso decidió adoptar otro postura, la de defender y contragolpear. Es decir, anoche en
Avellaneda los roles estaban cambiados. El local poco a poco fue cayendo en la trampa
que le planteó la visita y a pesar de tener un hombre de más, no pudo desbloquear los
obstáculos que tuvo por delante. Equivocó muchas veces los caminos, tuvo errores
individuales que le costaron el partido y sobre todo la mala fortuna dentro del área que
terminó siendo un factor clave.

Inició el partido y rápidamente se vio la postura de ambos conjuntos. Más allá de algunos
breves lapsos en el primer tiempo, la pelota la tuvo siempre la Academia pero el gran
problema es que no supo hacer con ella. La falta de capacidad de varios jugadores para

leer las jugadas con anticipación y sentir las temperaturas del partido fue una constante.
Para colmo, cuando el partido había entrado en una meseta y se había estancado la
intensidad, la escasez de jerarquía de la defensa de Racing se hizo presente. Una fallida
salida del fondo a los 30 minutos terminó en el gol de Leandro Fernández. Arévalo Ríos
ejecutó un pase arriesgado por encima del atacante para habilitar a Vittor que como
siempre resolvió mal por su exceso de confianza. Dejó que Fernández se le acercara, luego
que lo anticipara y en última medida que se vaya cara a cara con Juan Musso. Se durmió,
no rechazó a tiempo y para pero, en vez de continuar la jugada se quedó reclamando algo
que el solo entendía y mientras el delantero se acomodaba para definir, Vittor volvía
caminando como si nada hubiese pasado.

A partir de ahí, la desesperación y la incertidumbre se adueñó de Racing. Empezó a jugar
largo, saltando líneas, enviando pelotazos para que tanto Lautaro Martínez como Kike
Triverio se las arreglaran en inventen algo que genere peligro. Como sucede cada vez que
juega, el único que le aporta claridad y panorama a los avances fue el Pulpo González.
Pelota al ras de piso e intentando filtrar pases para la ubicar en buena posición a los
puntas. Otro que estaba lucido y le contagiaba electricidad al ataque era el colombiano
Andrés Ibargüen. Explosión en los metros finales e importantes uno contra uno cada vez
que le llegaba la pelota. Además, como ocurre siempre que la Academia va perdiendo y la
redonda quema, el que se hizo cargo del equipo fue Ibargüen. Por último, el restante que
demostró estar a la altura o por lo menos la actitud necesaria para revertir la situación fue
Lautaro Martínez. El Toro cargaba con el equipo hacía adelante y cada toque eran
pinceladas de talento porque inventaba de un simple ladrillazo que le tiraban sus compañeros un tiro libre peligroso, una amonestación o una juagada de gol. Por eso es
más impresionante la jerarquía de este chico ya que luce en un contexto totalmente
oscuro.

Las próximas horas serán decisivas en el mundo de la Academia. Con el arrastre de un semestre horrible desde lo futbolístico como también desde los resultados, el único
objetivo que quedaba por delante para maquillar el tramo final de año, era el duelo con el
eterno rival de toda la vida. Pero también se desperdició por la poca capacidad que
demostró este plantel. Además de la crisis deportiva, con el correr del tiempo se le fue
sumando un tire y afloje entre algunos jugadores y el cuerpo técnico que quedó en
evidencia con varias actitudes y que solo contribuyó a un marco adverso. La decisión de
Diego Cocca de dejar afuera a Lisandro López del clásico de Avellaneda es una de las
tantas explicaciones de esta incomodidad. ¿Habrá sido la última prueba del Dt para saber
si el plantel le respondía o no? ¿Fue el manotazo de ahogado? ¿El futuro será Lisandro y
compañía o continuará Cocca? Sin el capitán, Racing no pateó al arco y se hizo un gol en
contra. Con él dentro del terreno de juego hubo otra respuesta de sus pares. A sacar
conclusiones porque el final de esta novela está al caer.

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