En un día como hoy pero de 1936 nació uno de los delanteros más notables de la historia del glorioso Racing Club de Avellaneda: Rubén Héctor Sosa. Mejor conocido como “El Marqués”, Sosa fue uno de los grandes atacantes de la Academia en la brillante transición de los años 50 a los 60. Encarador, fino y de gran cabezazo, el Marqués fue campeón con el Seleccionado Nacional en el Sudamericano de 1959 y alzó trofeos en la Academia en dos oportunidades, en 1958 y 1961, lo cual lo consagró como uno de los ídolos de nuestro querido club.

 

Un 14 de noviembre de 1936 nació Rubén Héctor Sosa. Su romance con la redonda se inició en el Club El Tábano, un emblemático club del barrio de Coghlan, en el cual pasó el Marqués toda su vida, pre y post carrera futbolística. De una elegancia ejemplar, Sosa llegó a Primera a través del Club Platense –equipo por el cual guardó un especial afecto toda su vida, junto a su amigo Roberto “El Polaco Goyeneche”. En el Calamar jugó cuatro temporadas en las que se destacó notablemente, tanto que se ganó el afecto de la afición local.

Hacia 1958, el Marqués llegó a Racing y vaya si tuvo un prolífico comienzo: fue campeón con el equipazo de “Pechito” Della Torre, en una muestra de calidad y fútbol de élite. Corbatta, Pizzuti, Manfredini, Sosa y Belén fue una delantera histórica, maravillosa, de esas que salen solas de memoria, y más que todo, de las que ganan trofeos. Sosa se caracterizaba por poseer una capacidad enorme para el salto y una destreza innata para el don del cabeceo, como si fuera un botín lo que tuviera en la cabeza, para anotar con precisión cada disparo que le llegara a su humanidad. Por esa clase de cosas, formó parte del seleccionado que ganó el Campeonato Sudamericano de 1959, disputado en Buenos Aires.

En ese certamen el favorito era Brasil, que había sido campeón del mundo el año anterior en Suecia, cuando la Argentina hizo un papelón y quedó afuera tras ser goleado ante Checoslovaquia. El que peor la pasó con ese desastre fue otro ídolo de Racing: Guillermo Stábile, que era el entrenador de ese equipo. Se pasó la escoba y el único sobreviviente fue otro ídolo académico, el “Loco” Corbatta. El Marqués, entonces, compartió plantel con Corbatta y con José “Tito” Pizzuti, y puso repetir la gloria de consagrarse campeón. Sosa fue campeón con Racing en el 58, campeón con Argentina en el 59 y también fue goleador local ese mismo año y el siguiente.

El equipo campeón de 1958: Sosa es el segundo de los hincados, comenzando desde la derecha.

1961 lo recibió con otra corona: el Racing campeón de Saúl Ongaro. “Corbatta, Pizzuti, Mansilla, Sosa y Belén” también sale de memoria, y es una –sino la mejor- delantera de todos los tiempos racinguistas. Fue durante mucho tiempo un sinónimo del buen fútbol de Racing, aquel que remitía a los tiempos gloriosos del amateurismo en el que la Academia le enseñaba a jugar a los demás. Disputó con el Seleccionado nacional el Mundial de Chile 1962 y al año siguiente sufrió una lesión gravísima: rotura de tibia y peroné. Le costó mucho volver, por lo que en 1964 dejó Racing con un saldo de 151 partidos jugados y 82 goles, dos títulos locales y once anotaciones en cada uno. Un ídolo de la Academia, sin lugar a dudas, un símbolo de una época dorada.

Otra vez el “Marqués” campeón con Racing. Nuevamente, es el cuarto hincado, comenzando desde la izquierda.

Su siguiente destino estuvo en el Uruguay: allí vistió los colores de Cerro y de Nacional, en el que paradójicamente enfrentó a la Academia en la final de la Copa Libertadores de América junto a otro ídolo académico, el arquero Rogelio Domínguez. Pero el hilo en el carretel del Marqués se estaba agotando. Jugó dos años más, uno en los Estados Unidos de Norteamérica, en un ignoto equipo llamado Boston Beacons y luego en el vernáculo Flandria de Jáuregui, adonde llegó porque su excompañero campeón en Racing, Pedro Mansilla, le pidió que llegara. El final de su fútbol llegó en 1968 y desde entonces Sosa disfrutó de otros placeres en su querido Club El Tábano, como el tango y las charlas de café con Julio Cozzi y el Polaco Goyeneche, pero sufrió de las consecuencias de jugar al fútbol en una época en la que no era tan rentable para los futbolistas.

Los años posteriores lo encontraron con una diabetes que le complicó la vida. Con ayuda del exvicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez hacia el año 2000, logró que le asignaran una pensión por invalidez pero no le alcanzaba. “No hay trabajo para mí. Apenas recibo una pensión de Agremiados. Soy diabético y me dan un sueldito, cobro todos los meses. Vengo al club, visito amigos y va pasando el tiempo, hasta que llegue la hora final y tenga que ir a visitar a otra gente, a otro lado”, dijo al Diario Olé en ese mismo año. Un final trágico fue el que lo alcanzó en 2008 cuando la vida se lo llevó a que rompa redes en el cielo, con los demás cracks con los que ganó tanto en toda su carrera. Sin dudas, el Marqués es un emblema de una época gloriosa de Racing, un artista del gol, pero también un ejemplo de que a los ídolos hay que acompañarlos hasta el final.

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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