Racing empató 0 a 0 en el Cilindro de Avellaneda ante Libertad por el partido de vuelta de los cuartos de final y quedó eliminado de la Copa Conmebol Sudamericana. Fue protagonista más por empuje que por juego, su gran enemigo en este año.

Ya es una constante de este equipo la poca, mala e ineficaz producción futbolística. Directamente no se sabe a qué quiere jugar la Academia o cuáles son sus mínimas intenciones. El cuerpo técnico nunca logró imprimirle una idea a este plantel o el plantel jamás entendió el mensaje. Está claro que esta eliminación no es casual sino que es una sumatoria de factores empezando por pésimos mercados de pases, seguidos por desaciertos y malas decisiones de Diego Cocca y cerrando con un rendimiento general demasiado pobre por parte de los jugadores. Un combo explosivo muy dañino que provocó este mediocre presente con rápidas eliminaciones de las copas y con una notable lejanía en el campeonato doméstico.

Racing terminó pagando muy caro el flojo partido que disputó en suelo guaraní porque en este tipo de competencias, poder marcar un gol en condición de visitante termina siendo decisivo y el elenco de Avellaneda no solo que no estuvo cerca de poder alcanzarlo sino que pudo haberlo perdido por una diferencia más amplia. Más allá del choque de ida y de las realidades vigentes, la esperanza estaba puesta en la vuelta en casa, pero otra vez la desilusión se hizo presente.

La Academia jugó contra un equipo paraguayo bastante limitado pero con intenciones claras y firmes. Libertad sabía lo que quería y eso fue a buscar. No propuso mucho pero corrió y mantuvo la concentración todo el encuentro. Su entrenador, el español Fernando Jubero, programó y ejecutó el mismo plan que había llevado adelante cuando dirigió a Guaraní y enfrentó a Racing en la Copa Libertadores 2015. Sacó la diferencia de local sin grandes genialidades y luego se refugió en una defensa férrea y áspera.  Otra vez logró el mismo resultado.

El primer tiempo fue chato, muy plano en cuanto a la gestación de juego y tampoco tuvo la intensidad que debía tener para lo que se estaba disputando. El local llegó en efímeras ocasiones al arco custodiado por Rodrigo Muñoz. Le faltó velocidad para que sus movimientos no se vuelvan predecibles para el bloque defensivo de Libertad. Matías Zaracho no pudo cumplir con el rol de organizador y eso se sintió. Tampoco sus compañeros lo acompañaron ni le dieron opciones. Centros a la nada misma y alguna arremetida de Lautaro Martínez o Andrés Ibargüen pero de escaso peligro.

En los segundos 45 minutos apareció un poco más de actitud y rebeldía pero solo duró un rato. Luego de acorralar a la visita con más vigor, Racing volvió rápidamente a su sintonía una vez pasado los 60´ de juego. Comenzó la desidia de siempre. Jugadores que improvisaban constantemente, la mayoría que se escondía en vez de buscar la pelota y otros tantos que no podían dar dos pases seguidos. Lisandro López que no supo comandar a este grupo y que por momentos le quedó grande la cinta. Debió empujar al equipo hacía adelante y no lo hizo, no estaba metido. Tuvo un flojo partido, sin rebeldía. Participó escasamente del desarrollo y su jerarquía no pesó en ningún momento. Licha viene teniendo malos rendimientos hace rato y Racing lo siente, lo necesita. En este partido lo necesitó más que nunca y no estuvo a la altura como casi todo el equipo. Solari no levantó un centro en toda la noche, Pillud y Soto se proyectaron sin peligro y no terminaron nunca una jugada y tanto Vittor como Barbieri continúan con las limitaciones de siempre.

Los únicos que aparecieron en los momentos más complejos y cuando el contexto era totalmente adverso fueron dos refuerzos extranjeros: Andrés Ibargüen y Egidio Arévalo Ríos. El primero porque pidió la pelota cuando nadie la quería y se movió para todos lados tratando de asistir a sus compañeros y así darle volumen de juego al equipo. Y el segundo por la garra, entrega, inteligencia y actitud constante. Hace tiempo que el uruguayo es el más regular y completo del equipo. Corre y hace los relevos como si fuera un pibe. Otro gran partido del Cacha en el trabajo sucio pero también para limpiar las jugadas y tapar huecos.

Ya afuera de todo y con una larga diferencia en el torneo no queda otra que barajar y dar de nuevo. Aferrarse a las pocas o muchas piezas que te den resultados y quieran ser protagonistas con esta camiseta. Elegir una idea y mantenerla hasta el final con decisión y convencimiento. Utilizar los partidos que vienen como ensayos de una nueva búsqueda con una base consistente, jugadores comprometidos y con un entrenador que se rompa la cabeza buscando soluciones. La única manera de salir de este contexto y evolucionar es con la unión y rescatando lo positivo aunque sea mínimo. Construir para adelante sin borrar todo ni destruir lo recuperable. Mantener a este cuerpo técnico, proyectar a futuro con figuras que se hayan involucrado, darle rodaje a los chicos que piden pista y agregar piezas de jerarquía en el próximo mercado. Una tarea en conjunto que debe estar supervisada además por una Secretaría Técnica. Achicar el margen de error en estas circunstancias es trascendental.

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