“Barbitas”, el dueño de la banda derecha de Racing

En un día como hoy pero de 1959, nacía en el partido bonaerense de San Martín, uno de los mejores volantes que tuvo la Academia: Juan Alberto Barbas. Junto al “Vasco” Olarticoechea, “Barbitas” ostenta el privilegio de ser uno de los últimos jugadores surgidos de las inferiores de Racing que, vistiendo nuestra camiseta, disputó una Copa del Mundo: la de España 1982. Cinco fueron los años que jugó Barbas en la Acadé, en los que se destacó notablemente, y a base de talento y destreza, se ganó el afecto del pueblo racinguista a pesar de lo opaco de esos años del club.

 

Juan Alberto Barbas nació el 23 de agosto de 1959 en el humilde barrio de Villa Zagala, partido de San Martín, Buenos Aires. Formado en la Academia, llegó a los 15 años al club y debutó en Primera en 1977, en el puesto de lateral derecho, para luego asentarse en el puesto de volante por derecha.

Barbas era un jugador con mucha técnica, con buena marca y control del balón, y muy sacrificado para todo. Los primeros pesos que ganó en Racing los usó para sacar a su familia de la villa: aconsejado por compañeros más grandes como el “Basura” Cordero, Daniel Killer y el “Panadero” Díaz, alquiló una casa para su numerosa familia y luego terminó comprando otra para que se muden sus padres.

Desafortunadamente, el lapso de tiempo en el que se desempeñó en Racing fue una época poco feliz. La década de los 70 fue una de las peores que tuvo la Acadé: luego de la partida de los campeones con José Pizzuti, pasaron por el club sin pena ni gloria exitosos entrenadores de alta jerarquía como Osvaldo Zubeldía, Ángel Labruna, el propio Pizzuti y Enrique Omar Sívori, entre otros. Racing sólo peleó un campeonato y de lejos, el de 1972, en el que fue subcampeón de San Lorenzo. Los años que le siguieron fueron complicados desde lo futbolístico: no peleó más que un descenso en 1976, del que se salvó por un punto. A Barbitas le tocó debutar en el equipo que sucedió a esa pelea por no descender, con Sívori como DT quien le encontró a Barbas el puesto de número ocho.

A pesar de lo opaco del resto del equipo, Barbitas no sólo se ganó a la gente de Racing con su habilidad y desempeño, sino que también logró que el DT de la Selección Argentina de ese momento, Cesar Luis Menotti, lo convocara para el Sudamericano Juvenil de 1979. Barbas era un tractor que se encontraba más cómodo sobre la derecha pero rendía en todos los puestos del mediocampo y hasta podía ser rueda de auxilio en la defensa. Con la Sub-20, alcanzó la clasificación al Mundial Juvenil de Japón de ese mismo año, al cual fue también convocado. Tuvo un gran rendimiento en el Mundial y junto a jugadores como Ramón Díaz, Osvaldo Rinaldi, Juan Simón, Osvaldo Escudero y Gabriel Calderón, sumó para que un joven e intratable Diego Armando Maradona hiciera destrozos en el juego de sus rivales. Así y tras vencer a Unión Soviética en la final, le dieron a la Argentina el primer campeonato Mundial Sub-20 de su historia.

Tan buena impresión causó en el DT de la Selección, que Barbitas –apodado así por el propio Menotti- fue convocado al Mundial de España 1982 con tan sólo 22 años. Su casaca fue la número 3 y tuvo la oportunidad de jugar en el último partido del certamen, ante Italia por la segunda ronda. Su actuación mundialista coronó el final de su ciclo como jugador en Racing: dejó un saldo de 132 partidos jugados en los que marcó 14 goles en cinco años.

Pasó al Zaragoza, donde tuvo según el propio Barbas, los mejores años de su carrera. Allí lo llamaban “Beto” y vislumbró con su fútbol a toda la Romareda. Formó una dupla implacable en el mediocampo con Juan Señor y contribuyó a que Jorge Valdano metiera 19 goles en un campeonato. Fue dirigido por el talentoso entrenador holandés Leo Beenhakker, quien perfeccionó su técnica y lo volvió una pieza indispensable para ese Real Zaragoza. Se convirtió en ídolo de la afición en apenas tres años de estadía en la Romareda, al mismo tiempo que fue premiado por medios deportivos como mejor jugador de su equipo en las temporadas en las que jugó allí.

En 1985, Barbas fue vendido al Lecce italiano en 200 millones de pesetas, hasta ese momento la oferta más alta de la historia del Zaragoza. Barbitas aún era jugador de selección porque a pesar del cambio en la dirección técnica, Carlos Salvador Bilardo lo tuvo en cuenta para las eliminatorias para México 1986 pero no lo convocó al Mundial.

En el Lecce jugó hasta 1990 cuando emigró a Suiza para jugar en el Locarno y en el Sion, equipo en el que obtuvo su único título de liga, en 1992. Al año siguiente retornó a nuestro país y jugó para Huracán, Alvarado de Mar del Plata y finalmente se retiró en All Boys, donde jugó desde 1994 hasta 1997.

Tras finalizar su carrera como futbolista, se dedicó a la formación de divisiones inferiores y comenzó en su casa, en Racing durante los años duros de la quiebra. Años más tarde trabajó en la reserva de San Lorenzo y hacia 2009, volvió a Racing. En su regreso a la Acadé, Barbitas tuvo una labor notable al frente de la reserva, en la que, en principio, promovió buenos jugadores como Valentín Viola –a quien tuvo en San Lorenzo-, Luis Fariña y José Luis Fernández.

Hacia mediados del Apertura 2009, el Racing que se había salvado con Ricardo Caruso Lombardi cayó en la tumba que el club mismo cavó al formar el primer equipo con refuerzos del ascenso y jugadores libres que no estaban a la altura de la institución. La salida del verborrágico entrenador, tras una derrota ante Boca Juniors por 2 a 1 en el Cilindro, con apenas dos empates, seis derrotas y sin victorias en el campeonato, le permitió a Barbas la chance de debutar como entrenador en la Primera División de su equipo.

Barbitas asumió en un clima muy tenso y enrarecido. Esto se debió al insólito y luego fallido anuncio por parte del expresidente Rodolfo Molina de la contratación del alemán campeón del mundo Lothar Matthäus como entrenador del primer equipo. El Coliseo era una caldera porque Racing hacía meses que no ganaba y jugaba realmente muy mal, pero el bálsamo fue el consuelo de tener a alguien de casa en el banco. Barbitas le cambió el chip al equipo y debutó con empate ante Lanús por 1 a 1, perdió de visitante ante Newell’s y Argentinos Juniors pero alcanzó la primera victoria. Fue en el Cilindro y por goleada ante Atlético Tucumán por 4 a 0. Luego de su cuarto partido al frente del primer equipo, asumió Claudio Vivas y Barbas volvió a formar jugadores hasta 2012, año en el que dejó el club.

La trayectoria de Barbas en la Academia simboliza una luz en una gran tiniebla: ejemplos en la historia de Racing sobran para expresar lo que significa ser un jugador de jerarquía en planteles que no están a la altura, en momentos que le quedan chico a la institución. Afortunadamente, Barbitas fue uno de los últimos embajadores de la cantera racinguista en un Mundial y eso es algo que aún no se repitió; quizás los nuevos frutos del Tita nos permitan repetir semejante privilegio.

 

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Santiago Ciraolo
Nací, me crié y crecí en el barrio de Villa Luro, siempre siendo hincha de Racing. Soy socio desde que volvió la democracia al club (N° 36608). Estudié “Ciencias de la Comunicación Social” en la UBA y estoy a poco de graduarme de licenciado y a otro poco, de profesor. Hago periodismo desde hace varios años, y para Racingmaníacos trabajo tanto en la producción del programa radial como en la sección "Efemérides" de esta web, donde me ocupo de contar la maravillosa historia de esta gloriosa institución.

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