Elena Margarita Mattiussi, referente insustituible en nuestro club, falleció el 3 de agosto de 1999, justo cuando Racing atravesaba una severa crisis institucional. En un nuevo aniversario de su partida, la Academia se pone de pie para recordarla.
En las malas, Tita. En las buenas, Tita. Y, en las más o menos, Tita también. Decir Tita es decir  Racing y hoy, que se cumplen 18 años de su partida, es más necesario que nunca decir Tita para refrescar nuestra memoria.

Elena Margarita Mattiussi nació el 19 de noviembre de 1919 y aprendió a querer a la Academia desde la cuna. Sus padres, César y Aída Mattiussi, llegaron al club para intentar ganarse la vida a partir de un aviso clasificado en el diario La Prensa y ella no tuvo más remedio que acostumbrarse a deambular durante todo el día por las instalaciones celestes y blancas. Histórico canchero del Cilindro, César le enseñó a cuidar cada centímetro de tierra racinguista y Tita estuvo a la altura de las circunstancias desde el primer día.

Entre otras funciones, se desempeñó en la lavandería y cargó con la responsabilidad de proteger a las futuras promesas que vivían en el estadio. Cientos de chicos recibieron sus consejos y transitaron jornadas difíciles bajo el amparo de un corazón siempre dispuesto a colaborar. Tan importante fue su presencia que el predio y la pensión que tanto nos enorgullecen llevan su nombre como una manera de honrar a una persona tremendamente querida.

El 3 de agosto de 1999, a los 79 años, Tita, que residía en las entrañas del Cilindro, falleció sembrando una enorme tristeza en un club que transitaba en esa época por una tempestad de gran maginitud.

Parte de su legado se encuentra en el Archivo Histórico. Es responsabilidad de todos continuar recordando a quienes hicieron de Racing esta pasión que nos conmueve.

Fuente: Racing Club Oficial

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