Con goles de Bou y Martínez, Racing se impuso 4 a 1 sobre Tigre esta noche en la reanudación del partido postergado. Sin ser un gran dominador del juego, la Academia se quedó con tres puntos fundamentales para arrimarse a la cima de la tabla.

Es así y apuesta a eso. Racing no necesita de una extensa posesión de pelota, de meter al rival en campo propio ni de hacer muchas combinaciones de pases para ser protagonista. Este equipo, el que diagrama y piensa Diego Cocca, es determinante en los metros finales por la jerarquía y poderío ofensivo. Es letal cuando llega a zona de definición porque pueda generar muchas situaciones como también pocas y sin embargo los atacantes pagan con goles siempre. Al excelente recorrido y presente de Gustavo Bou, se le sumó el gran momento que está pasando Lautaro Martínez, joven de la cantera a quien le toco reemplazar nada más ni nada menos que a Lisandro López.

En este primer tiempo inusual de tan solo 33 minutos, el Matador salió a imponer condiciones y con una buena circulación de pelota hizo desconcertar al local. En los primeros 15’, los dirigidos por Facundo Sava, tomaron la pelota, ganaron terreno y se animaron a jugar. Trataban de aprovechar los espacios a las espaldas de los laterales y con la precisión de Diego Morales intentar ponerle pelotas al vacío para la potencia del colombiano Rincón. La defensa académica no podía hacer pie ni tampoco salir de la incertidumbre que le generaba la visita. Y la solución para Racing llegó con el primer gol, en realidad con el segundo si tenemos en cuenta a lo ocurrido en el fragmento jugado el fin de semana pasado. El gol de la Pantera fue la herramienta que destrabó el partido a favor de los de Avellaneda porque resulto se un martillazo anímico para Tigre.

A partir de esta situación comenzó a perder confianza pero sobre todo claridad. La jugada fue muy simple, un pelotazo de Agustín Orión que agarró a contramano a la defensa y al mediocampo rival. Luego del envió del arquero ex Boca, Luciano Aued peinó la pelota para Lautaro que en un movimiento típico de un jugador de básquet, pivoteó para desacomodar a su marcador y asistió a Bou para dejarlo mano a mano con Nelson Ibáñez; y como lo es habitual, la Pantera no falló. Con este tanto Racing se fue asentando y empezó a interpretar con anticipación los movimientos y las mañas al conjunto de Victoria.

En la segunda parte, el rumbo del partido no varió mucho a los últimos minutos de la primera porque Racing continuó siendo el más determinante de los dos aunque Tigre manejara el balón con mayor precisión y mejores intenciones. Lo que a un equipo le sobraba al otro le faltaba con demasía. El local no podía confeccionar una jugada con diferentes toques, triangulaciones u opciones mientras que los de rojo y azul movían la redonda de un sector a otro con personalidad, sobre todo con ductilidad pero no lograba ser punzante a la hora de la definición como sí lo hacía el elenco de Cocca. Gol de cabeza de Lautaro más uno de penal de Bou para sentenciar la historia. Los tres puntos quedaron en Avellaneda y ahora la diferencia con Boca es de 8 puntos.

No es al azar esta potencia, desequilibrio y jerarquía en la línea de ataque. El cuerpo técnico conoce y muy bien las características de los delanteros que conforman el plantel y por tal motivo apuesta a jugar de esta manera. No le interesan las transiciones largas porque entiende que estas entorpecerían sus armas, y las capacidades de sus hombres se aplican en contrataques con grandes extensiones de terreno para ocupar y con movimientos rápidos.

Claro está que estas disposiciones se complementan con la ideología y con los métodos del entrenador: intensidad, verticalidad y practicidad son algunas de sus filosofías. Y como no hacerle caso si sus teorías revolucionaron al club, convirtiéndolo nuevamente en uno de los grandes protagonistas del futbol argentino y alcanzando uno de los objetivos más deseados, el campeonato.

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